Halston: Entre lúrex, escotes y excesos

9 agosto, 2021

Se ha producido un revival de Halston gracias a la nueva serie homónima de Netflix y así, fashionistas de la nueva generación se apasionaron con su historia. Para quienes crecimos en los 80, el nombre Halston era habitual en las revistas de moda y en los años 90 era común encontrarse con artículos que relacionaban al diseñador con la era disco, Studio 54 y las historias de los fashion icons de este periodo tan lleno de lúrex.

Por Vale Gallarini / Fotos Gentileza

Roy Halston Frowick, más conocido como Halston, fue un icónico diseñador de los años 70. A la par que la mítica Coco Chanel, empezó diseñando sombreros —fue autor del famoso pillbox hat que popularizó Jackie Kennedy en los 60— y luego se expandió a diseñar indumentaria y todo lo que se podrían imaginar. De hecho, su gran expansión fue parte del ocaso. Pero eso ya sería adelantarnos varios capítulos en esta historia.

Nació en Des Moines, Iowa, en 1932. Fue a la Universidad de Indiana y luego al Instituto de Arte de Chicago. Luego viajó a Nueva York, donde lo contrataron como cabeza del equipo de diseño de sombreros de Bergdorf Goodman.

En 1961, Jackie usó su diseño pillbox hat para la inauguración presidencial de su marido John F. Kennedy y al día siguiente, Halston era un nombre de moda en todo Estados Unidos. La clientela famosa no tardó en llegar y el diseñador aprovechó la publicidad gratuita para expandir su negocio a la fabricación de vestidos de prêt-à-porter.

HALSTON TENÍA UN TALENTO ESPECIAL, COMPARABLE AL DE TOM FORD, PARA CONJUGAR ELEGANCIA CON SENSUALIDAD.

Fueron sus vestidos y excesos los que lo hicieron famoso. Estos eran sexys y tenían el allure ideal para lucirlos en las noches de baile del jet set de la época. Halston poseía un talento especial, comparable al de Tom Ford, para conjugar elegancia con sensualidad. Sus diseños tenían escotes de vértigo, sin ser vulgares.

Entre sus clientas se encontraban Liza Minnelli, Cher, Bianca Jagger, Catherine Deneuve, Liz Taylor, la baronesa de Rothschild y Lauren Baccall. Sus clientas lo amaban. Las invitaba a almorzar, les servía vino blanco en copas de Baccarat y compartían los últimos chismes de la sociedad. Discretamente subía modelos —entre ellas la famosa Elsa Peretti— para exhibir a sus clientas mimadas sus prendas.

Tenía dos trucos: siempre ponía la etiqueta dos tallas más chica de lo que realmente era, agradando a sus clientas, y nunca les dejaba comprar algo que creía que no les favorecería.

Además Halston fue un gran innovador. En 1972 introdujo un trench hecho de un material que apodó ultrasuede: una
tela gamuzada lavable, bella y duradera. Dos años después nacería el vestido halter, su diseño más icónico. Este fue un éxito instantáneo en las discotecas, dando a las mujeres una silueta angosta, estilizada y un escote que presentaba también comodidad de movimiento.

Dramático, teatral y elegante. Llevaba siempre lentes de sol sin importar la hora y vistiendo siempre de negro, reinó por más de dos décadas como ícono de la movida nocturna de Nueva York. La famosa disco Studio 54 se convirtió en su segundo hogar. Ahí compartía veladas inacabables con Andy Warhol, Liza Minnelli, Bianca Jagger y Diana Ross.

«SOLO ERES TAN BUENO COMO LA GENTE QUE VISTES” – HALSTON

Tal vez su legado más importante fue el del branding, pues fue uno de los primeros en comprender que la popularidad de su marca se podía aplicar a un sinfín de productos, algo que revolucionaría el negocio de la moda. Te podías acostar en una sábana de Halston, despertarte y apoyar los pies en una alfombra Halston, ponerte una camisa Halston, con una corbata Halston y empacar tu valija Halston para volar en Braniff con azafatas que llevaban uniformes de Halston. A través de licencias con JC Penney, creó diseños que eran más accesibles para todo tipo de bolsillos.

Lastimosamente su vida llena de glamour venía acompañada de muchos excesos, principalmente el consumo de drogas, lo cual le hizo fallar a sus clientes y plazos, llevándolo a ser despedido de su propia empresa en 1984.

Al perder las riendas de la empresa ya no podía supervisar la calidad de los diseños. No siendo más dueño de su propio nombre, los empresarios que habían comprado los derechos empezaron a usar su nombre para brandear todo tipo de artículos, muchos que jamás hubieran sido aprobados por el diseñador.

Murió por complicaciones del HIV en San Francisco, California, en 1990. Tenía 57 años. Tal vez uno de los más grandes diseñadores americanos, una verdadera leyenda internacional que murió destronado de su propio imperio; sin embargo, permaneció brillando con el lúrex de tantos diseños como una verdadera estrella que marcó toda una época.