LA CIUDAD BAJO EL VELO DE BECKELMANN

Desde lo alto de Asunción, Víctor Beckelmann vuelve su mirada hacia una ciudad que ha observado y fotografiado durante décadas. En El Velo de la Asunción, su nueva serie, la capital aparece atravesada por la naturaleza, la transformación urbana y una belleza que muchas veces permanece oculta ante quienes la habitan.

El río, la bahía, los humedales y el particular paisaje del invierno asunceno se convierten en protagonistas de imágenes que transitan entre el documento y la poesía. En esta conversación, Beckelmann reflexiona sobre una ciudad en permanente cambio, sobre aquello que desaparece y se convierte en memoria y, especialmente, sobre la capacidad de la fotografía para revelar lo que siempre estuvo frente a nuestros

¿En qué momento apareció la necesidad de volver a mirar Asunción desde esta nueva perspectiva y cómo nació conceptualmente la serie?

Vivo en el último piso de un edificio que se llama Faro del Río y, de verdad, mi departamento funciona como un faro de Asunción, ya que está ubicado mirando hacia el río, hacia la bahía y hacia los humedales.

EL TÍTULO EL VELO DE LA ASUNCIÓN ES PARTICULARMENTE EVOCADOR.

¿Qué representa ese velo en tu obra y qué es lo que sentís que Asunción oculta?

Por sobre todas las cosas, lo oculto —como el velo demuestra— es que detrás del desarrollo, la urbanización, el avance de la ciudad sobre sus humedales y el río está la naturaleza, que nos enseña que es ella la verdadera dueña de nuestro devenir y no nosotros.

ASUNCIÓN ES UNA CIUDAD DE ENORMES CONTRASTES.

¿Cuáles de esas tensiones buscaste capturar en esta serie?

Busqué, sencillamente, la belleza que nos ofrece nuestro invierno austral subtropical, todavía poco conocido por nosotros mismos, los asuncenos que habitamos nuestra distópica capital.

¿Dónde encontraste la verdadera Asunción mientras construías este trabajo?

La fui estudiando durante años. El desarrollo de una obra empieza con ver la belleza allí donde uno solamente tiene partes de ella. Uno empieza queriendo armar sus ideas y, por cuestiones de la providencia o de la propia creación, termina recreando la creación que ya está allí, en todos lados.

¿Cuánto hay de documentación y cuánto de construcción poética en El Velo de la Asunción?

Creo que las fotos de esta serie son tan documentales como poéticas, ya que representan a la naturaleza en todo su esplendor sobre la ciudad, en una determinada época del año. Puestas en cuadros de tela de algodón 100 %, se transforman en una creación que pretende ser poética. No sé si lo logré.

La fotografía tiene una relación muy particular con el tiempo: registra un instante, pero, al mismo tiempo, puede convertirse inmediatamente en memoria.

¿Hay en esta serie una intención de preservar una Asunción que sentís que está desapareciendo o transformándose?

De hecho, ya desapareció la semana pasada una de las torres de transmisión de energía de la ANDE. Allí ya existe una transformación de la realidad y, en este caso, las fotos ya son memoria.

¿Qué cambia cuando el protagonista deja de ser una persona y pasa a ser una ciudad? ¿Puede una ciudad ser retratada de la misma manera que se retrata a un ser humano?

Una ciudad, sencillamente, es parte de la condición humana. Es su resultado más lógico ante la necesidad natural de apoyarnos y cuidarnos. Por eso, cuando retrato una ciudad, veo todas sus aristas: veo cómo la tratamos, cómo la descuidamos y cómo la transformamos. Todo eso representa nuestros más sinceros anhelos, nuestros deseos y lo que queremos.

Si Asunción está como está, simplemente representa lo que somos realmente. No culpo solamente a los políticos, sino también a nosotros por mantener un sistema.

¿Cómo fue el proceso de recorrer Asunción para realizar esta serie?

La verdad es que el único recorrido en esta serie fue dentro de mi departamento, mirando por la ventana al amanecer durante un día. Pero la observación previa llevó años, siguiendo el comportamiento de la naturaleza.

Después de tantos años detrás de la cámara, ¿sentís que tu manera de mirar Asunción cambió?

Hoy miro cómo vamos perdiendo las casas con patios, las quintas sobre las avenidas, las plazas y los árboles. Las calles están cada vez más asfaltadas y, al mismo tiempo, llenas de baches. Construimos una ciudad distópica, parecida a una ciudad bombardeada de Medio Oriente.

Si pudiéramos retirar por completo ese velo al que hace referencia el título, ¿qué Asunción aparecería detrás?

Aparecería la realidad sin poesía. ¿Vale eso la pena?

EL RÍO, LA BAHÍA, LOS HUMEDALES Y EL PARTICULAR PAISAJE DEL INVIERNO ASUNCENO SE CONVIERTEN EN PROTAGONISTAS DE IMÁGENES QUE TRANSITAN ENTRE EL DOCUMENTO Y LA POESÍA.

Texto conservado sin agregar información. El párrafo introductorio termina en «frente a nuestros» porque así aparece en el original recibido.

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