Alba Benítez Cattebeke: Liderazgo femenino en el deporte paraguayo

En un ámbito históricamente dominado por hombres, Alba Benítez Cattebeke se ha consolidado como la única mujer que integra actualmente el Consejo Ejecutivo de la Asociación Paraguaya de Fútbol. Desde allí impulsa procesos vinculados a la gestión, la transparencia y el fortalecimiento institucional del deporte paraguayo. Su rol no es simbólico: es activo, técnico y profundamente transformador. A continuación, te contamos sobre ella.

El rol de Alba dentro de la Asociación Paraguaya de Fútbol está vinculado a áreas estratégicas de administración, cumplimiento y gestión de proyectos institucionales. También es vicepresidenta de la Federación Paraguaya de Tenis de Mesa, miembro de la Federación de Deportes Ecuestres del Paraguay e integrante del comité ejecutivo del Comité Olímpico Paraguayo.

“Me gustaría dejar una huella vinculada a la profesionalización, la transparencia y el fortalecimiento institucional dentro del deporte paraguayo”, así empieza a contarnos su historia.

La motivación que impulsa a Alba encuentra sus raíces en la figura de su padre, el General de División César Roosevelt Benítez Molinas, militar de caballería y campeón sudamericano de equitación.

“De él heredamos la disciplina, la vocación de servicio, la cultura del trabajo y el deporte como parte fundamental de nuestra formación”.

Ella es mamá de dos hijos: Valeria Sofía y Arnaldo Agustín, apasionados también por el deporte ecuestre.

En su recorrido profesional, combina formación técnica, gestión pública y una visión estratégica del deporte como herramienta de desarrollo institucional. Es licenciada en Contabilidad y Auditoría, con un máster en Desarrollo Emprendedor e Innovación, especialista en Administración Gubernamental, Gestión Deportiva y Proyectos, además de contar con formación en compliance y desarrollo institucional.

Su trayectoria no se define por cargos, sino por la continuidad, el compromiso y su evolución profesional.

“Mi camino comenzó primero desde el área social, trabajando en la Secretaría de Acción Social”, recuerda.

Luego, continuó en la Secretaría Nacional de Deportes, donde descubrió una nueva dimensión de su vocación.

De la pasión a la profesión

“En la Secretaría Nacional de Deportes conocí el mundo de las federaciones deportivas y me apasioné todavía más por la gestión y el desarrollo institucional vinculados al ámbito deportivo”.

Ese fue un punto de inflexión: el deporte dejó de ser una pasión personal para convertirse en un proyecto profesional de vida.

El salto hacia el Comité Olímpico Paraguayo consolidó su crecimiento dentro de la dirigencia deportiva, abriéndole espacio en un ecosistema donde la toma de decisiones y la planificación estratégica son claves. Allí comenzó a construir una mirada más integral del deporte como sistema, más allá de la competencia.

Alba sostiene que el liderazgo no tiene género.

“Como mujer, mamá, profesional y dirigente deportiva, trato siempre de transmitir que sí se puede equilibrar todo. Creo profundamente que la capacidad, la disciplina y la preparación son mucho más importantes que el género”.

“Gran parte de mi carrera estuvo orientada al fortalecimiento institucional y a la administración pública, participando en proyectos estratégicos desarrollados conjuntamente con organismos internacionales y entidades multilaterales, adquiriendo experiencia en áreas administrativas, financieras, de control, planificación y gestión”, resalta.

Rompiendo paradigmas

Alba pone en evidencia una dimensión fundamental: el liderazgo femenino en espacios de poder deportivo. Su presencia dentro de la APF no es solo una posición individual, sino parte de una transformación más amplia que va incorporando nuevas voces en la gestión institucional del deporte paraguayo.

En un entorno donde históricamente predominó lo masculino, su experiencia refleja un cambio de paradigma: mujeres que no solo participan, sino que lideran, gestionan y toman decisiones estratégicas. Su trayectoria demuestra que el conocimiento técnico, la formación académica y la experiencia en el sector público pueden converger en el deporte de alto nivel institucional.

Ese valor, heredado y cultivado, aparece como columna vertebral de su identidad profesional y personal. No como discurso, sino como práctica sostenida en el tiempo.

Su historia no es solo la de una profesional en la APF. Es la de una mujer que convirtió la formación, el trabajo constante y la vocación de servicio en una plataforma para transformar el espacio donde hoy actúa. Y que, desde allí, sigue abriendo camino para otras mujeres.

“Quiero seguir creciendo, aprendiendo y liderando proyectos que realmente transformen realidades y abran caminos para las nuevas generaciones. Me gustaría que toda la experiencia adquirida a lo largo de estos años pueda servir también para inspirar, acompañar y demostrar que sí se pueden construir instituciones más profesionales, humanas y organizadas dentro del deporte y de las instituciones”.

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