Hay artistas que trabajan con materiales; otros, con ideas. Andrés Paredes hace algo más complejo: trabaja con la memoria de la materia, con la vibración de lo vivo y con una naturaleza que no es paisaje, sino experiencia. Su obra no se mira, sino que se recorre, se escucha, se huele y se intuye.
Nacido en Misiones, criado entre selva, ríos y silencios de siesta, su universo creativo se nutre de una relación íntima con los ciclos naturales, con una curiosidad que nunca se apagó.
Desde instalaciones monumentales en espacios patrimoniales de Europa, hasta muestras que dialogan con saberes guaraníes, ciencia, botánica y ritual, Paredes construye un lenguaje propio donde lo contemporáneo no rompe con lo ancestral, sino que lo reactiva.
Sus obras —hechas de papel calado, cerámica, cristal, pigmentos y materia viva— proponen una ecología sensible; una forma de pensar el arte como un organismo en constante transformación.
En esta entrevista, Andrés Paredes habla de infancia, riesgo, proceso creativo y metamorfosis, en el marco de su próxima muestra en Paraguay en la galería BGN Arte.
Reflexiona sobre el rol del espectador, la belleza como promesa, el arte como forma de vida y la necesidad de mutar una y otra vez. Una conversación que revela no solo al artista, sino también al explorador que sigue mirando el mundo como si fuera la primera vez.

¿Qué parte de tu historia personal sentís que inevitablemente se filtra en tu obra, aunque no quieras?
Siempre se filtra mi vínculo cotidiano con la naturaleza y la infancia en Misiones. La siesta, el monte, los arroyos, los sonidos y olores de ese mundo aparecen inevitablemente en mi obra.
¿Qué te acercó al arte y cuándo supiste que era tu camino?
Desde chico estudié piano. Cuando entendí que podía trasladar belleza, ritmo y armonía al plano visual, supe que ese desafío era mi camino.
Si tu arte fuese una emoción, ¿cuál sería?
La curiosidad. Desde niño, al explorar el mundo con un microscopio, entendí que la naturaleza guarda universos infinitos.
¿Qué te obsesiona últimamente?
La materia como entidad viva. Investigué la idea de la materia vibrante y cultivé mis propios cristales para una muestra que recorrió museos nacionales.
¿Cuál fue tu mayor riesgo artístico?
Intervenir la fachada del Palacio de Linares en Madrid con una mariposa de 10 metros que hablaba de migraciones latinoamericanas.
¿Cómo es tu proceso creativo?
Es investigación, diálogo interdisciplinario y experimentación material. Todo se une en una narrativa sensorial.
¿Reinterpretás obras pasadas?
Sí. Como una melodía tocada con otra orquesta. Algunas obras evolucionan; otras son irrepetibles.
¿Qué te inspira de la naturaleza?
La transformación. La metamorfosis como metáfora de la vida y del arte.
¿Qué abordás en tu muestra en Paraguay?
El cruce entre cultura argentina y paraguaya, la visión guaraní, el barroco jesuítico y mis propias raíces.
¿Qué rol tiene el espectador?
La obra se completa en su mirada. El arte vive en ese espacio intermedio.
¿Qué es el arte para vos?
Una forma de vivir, de transitar el mundo como un río, percibiendo cada detalle del viaje.

