Argentina posee uno de los territorios más diversos del mundo, en el que conviven montañas, valles, llanuras y costas. El clima y las condiciones del suelo cambian de una región a otra, dando origen a vinos con identidades únicas. Esa riqueza de paisajes se refleja en el trabajo de Grupo Peñaflor, compañía con presencia en seis provincias vitivinícolas y un portafolio que invita a recorrer el país a través de sus diferentes terroirs. Con motivo de la presentación en Paraguay de diez nuevas etiquetas de Trapiche y de la nueva línea El Cazador, conversamos con Marina García, sommelier y brand ambassador del Grupo Peñaflor, sobre la riqueza de los terroirs argentinos, la evolución del consumo y las propuestas que llegan al mercado local.
¿Qué hace diferente a un vino elaborado en Mendoza de otro nacido en la Patagonia o junto al océano Atlántico? Para la especialista, la respuesta está en el terroir. “Cada zona geográfica reúne una combinación única de altitud, suelos y condiciones climáticas que se traduce en vinos con carácter. Esos factores determinan características como la intensidad, la complejidad, el cuerpo y la frescura”, explica.
LLEVANDO EL VINO ARGENTINO AL MUNDO
Marina es parte del Grupo Peñaflor desde hace 16 años. Como brand ambassador hoy representa a la compañía en distintos mercados de Latinoamérica. Su trabajo abarca degustaciones, lanzamientos, ferias, capacitaciones y encuentros con consumidores, además de la formación de equipos gastronómicos y fuerzas de venta.
Su entusiasmo se hace notorio cada vez que habla de su profesión. “Soy una enamorada del mundo vitivinícola, de la enología y de este trabajo que me ha traído tantas satisfacciones”, confiesa. Lo que más disfruta de formar parte del Grupo es la posibilidad de seguir aprendiendo y descubriendo. “Tenemos distintos perfiles de vinos y un gran portafolio. Es un universo que nunca termina; siempre hay algo por conocer y eso es lo que lo hace tan apasionante”, afirma.
Sin embargo, ese no fue su primer camino profesional. Estudió Administración Hotelera y fue durante una etapa laboral en Mendoza, mientras trabajaba en un centro de esquí, cuando una degustación despertó su curiosidad por este universo. Desde entonces, nunca dejó de capacitarse ni trabajar, construyendo una sólida trayectoria en la industria vitivinícola.
Durante su reciente visita a Paraguay, se encontró con un consumidor que la sorprendió gratamente. “El consumidor paraguayo es muy conocedor y exigente. Le interesa aprender, conocer nuevas etiquetas y valorar la calidad de lo que prueba”, asegura.

TRAPICHE
Desde Mendoza y la Patagonia hasta la Costa Atlántica
Trapiche es, en esencia, una bodega exploradora e innovadora. “Nunca nos quedamos quietos; siempre estamos explorando y buscando un nuevo viñedo”, afirma la sommelier. Fiel a ese espíritu, Trapiche presentó en Paraguay diez nuevas etiquetas que invitan a recorrer distintos rincones de Argentina a través de sus terroirs.
El recorrido comienza en Mendoza con Alaris, una familia de varietales jóvenes, frutados y fáciles de tomar. “Son vinos que maridan con la vida, con una charla, con una picada, en el momento que uno desee y con quien quiera compartirlo. Es la puerta de entrada a nuestro gran portafolio”, explica.
La siguiente parada es Origen, también muy frutado y delicado, aunque con una mayor complejidad aromática. “Con esta línea volvemos a nuestros orígenes, a nuestros mejores viñedos”, destaca.
Luego, nos vamos hasta el Valle de Uco, una de las zonas vitivinícolas más prestigiosas, donde nace Tesoro —reconocido por su Malbec 2022 como el mejor del mundo en los Sommeliers Choice Awards 2024—. La altitud, las bajas temperaturas y la amplitud térmica dan origen a vinos con mayor estructura y persistencia.
“Cuando hablamos de Tesoro ya hablamos de un producto pensado para acompañar una comida”, señala.
Continuamos en San Patricio del Chañar, en Neuquén, donde se elabora Expedición Sur, que refleja la elegancia y frescura propias de la Patagonia.
A pocos kilómetros del océano Atlántico y cerca de Mar del Plata, nos encontramos con uno de los proyectos más innovadores del grupo. En Chapadmalal, Trapiche desarrolló Costa & Pampa, la primera bodega argentina de influencia marítima. “La cercanía al mar aporta una frescura muy particular y, en algunos varietales, aparecen incluso notas salinas”, explica la especialista.
La producción de Costa & Pampa es limitada debido a las bajas temperaturas y a las frecuentes heladas que afectan la zona, lo que convierte a esta línea en una de las propuestas más exclusivas de la firma.

EL CAZADOR
Todos perseguimos algo
La innovación también se refleja en El Cazador, la nueva línea de Mascota Vineyards. Concebida como la puerta de entrada al universo de la bodega, esta propuesta busca acercar el vino a una nueva generación de consumidores que prioriza las experiencias compartidas por sobre los protocolos.
Inspirada en una idea simple: Todos perseguimos algo, esta línea celebra el anhelo de alcanzar un proyecto, un sueño, un encuentro, una pasión o un momento para compartir.
El respaldo del prestigioso enólogo Rodolfo “Opi” Sadler garantiza la calidad de una bodega responsable de etiquetas icónicas como La Mascota Cabernet Sauvignon, distinguida como Mejor Vino Tinto del Mundo en 2018.
La marca está integrada por tres varietales elaborados con uvas de la región de Cuyo: un Malbec amable y frutal, un Cabernet Sauvignon con buena estructura y notas especiadas, y un Blanco Dulce fresco, floral y vibrante. Tres opciones jóvenes, accesibles y fáciles de disfrutar.
Para Marina, esta evolución responde también a un cambio en los hábitos de consumo. “Hoy predominan los vinos más frescos y frutados, y eso hace que cada vez más jóvenes se animen a descubrirlos”, explica. También considera que la experiencia dejó de estar rodeada de formalidades. “Si te gusta un vino, disfrutalo con quien quieras y como quieras. Hoy incluso las copas sin tallo están ganando protagonismo y hacen que el consumo sea mucho más descontracturado”.
Más allá de cada lanzamiento, la historia que cuenta el Grupo Peñaflor y sus diversas marcas es la de una búsqueda permanente: descubrir nuevos paisajes, desafiar los límites tradicionales de la viticultura y mostrar la extraordinaria diversidad argentina. Porque detrás de cada etiqueta, hay mucho más que una variedad de uva: hay un territorio, una historia y una identidad.

