Con una trayectoria construida a partir del teatro, la publicidad y diversos proyectos audiovisuales, Diro Romero atraviesa hoy una etapa que muchos consideran el inicio de una nueva generación de actores paraguayos con proyección global. Sin embargo, lejos de dejarse llevar por las etiquetas, el actor prefiere hablar de trabajo, disciplina y preparación.
Desde Level, consideramos que Diro es una de las figuras más prometedoras del cine paraguayo. “Asumir ese título todavía me suena raro, pero me gusta la idea de tomarlo porque siento que estoy en un momento profesional importante y al que llegué con mucho esfuerzo, enfoque y preparación”, asegura. “Detrás de este momento hay muchos años de trabajo, de formación, de búsqueda, de logros y fracasos, y de proyectos que me fueron enseñando cosas distintas y me hicieron crecer. Disfruto mucho todo lo que está pasando, pero también sigo manteniendo los pies en la tierra”, cuenta.

Narciso, el nuevo filme del director Marcelo Martinessi, le permitió abocar todo lo experimentado en su carrera hasta el momento, en un lugar desafiante como un largometraje internacional.
“Creo que definitivamente marcó un punto de inflexión y eso tuvo que ver con la dimensión del proyecto”, explica. “Este fue uno de esos proyectos que te transforman incluso en lo personal”.
Inspirada en el caso de Bernardo Aranda, este premiado filme, basado en la novela de Guido Rodríguez Alcalá, no solo convirtió a Diro en protagonista de una de las producciones paraguayas más ambiciosas de los últimos años, sino que también lo llevó a presentarse ante el mundo.
La película, ambientada en la Asunción de 1959, reconstruye una época marcada por la represión social y los silencios colectivos. Desde la primera lectura del guion, el actor quedó cautivado por el universo que proponía la historia.
“Me enamoró la forma en que estaban planteadas las escenas, el universo que se iba creando con cada personaje y la intriga de saber cómo se llevaría eso a la pantalla”, recuerda.
Interpretar a Narciso implicó mucho más que construir un personaje. Significó sumergirse en una realidad histórica compleja y tratar de comprenderla desde adentro.
“El desafío era entenderlo sin juzgarlo. Comprender qué lo movía, cuáles eran sus deseos y sus miedos”, explica. “Es un personaje profundamente humano y adelantado a su tiempo. Tiene contradicciones, vulnerabilidades y una enorme fuerza interior”.
Esa búsqueda también terminó revelándole nuevas herramientas como actor.
“Narciso me puso frente a un gran desafío para mi carrera y descubrí que debo confiar más en mi intuición”, cuenta. “Me dio más confianza en mi forma de trabajar un personaje”.

Representar al Paraguay
Durante el rodaje, tuvo la sensación constante de estar participando en algo que trascendía una película.
“Desde el inicio sentíamos que estábamos contando una historia importante”, recuerda. “El caso en que se basa marcó profundamente a una comunidad y a la sociedad paraguaya”.
A ello se sumó la dimensión internacional de la producción. Profesionales de siete países participaron del proyecto —España, Alemania, Portugal, Francia, Brasil, Uruguay y Paraguay— aportando miradas y experiencias diversas.
“Se escuchaba constantemente a integrantes del equipo comentar que esta sería una gran película. Todos estaban muy comprometidos con las escenas y respetando profundamente el trabajo artístico de cada uno”.
Esa convicción encontró su confirmación cuando Narciso llegó a la Berlinale, uno de los festivales más importantes del mundo.
“Presentar un trabajo en el que tengo el papel protagónico, estrenar la película en uno de los escenarios más imponentes del cine mundial y llevar una historia profundamente paraguaya y que me interpela en lo personal, significó cumplir varios sueños”, confiesa.
Una generación que mira hacia adelante
Para Diro, el gran momento que vive el cine paraguayo tiene una explicación clara: la autenticidad.
“Estamos siendo cada vez más honestos al contar quiénes somos”, reflexiona. “Nos estamos amigando con nuestro acento y nuestra idiosincrasia. Cuanto más honestamente contamos nuestras historias, más universales se vuelven”.
“Me gusta pensar que formo parte de una generación que está encontrando nuevas oportunidades y formas de contar historias y llegar a más público. Si mi recorrido puede inspirar a otros actores o dar visibilidad al talento que existe en Paraguay, entonces siento que también estoy aportando algo más grande que mi propia carrera”, sostuvo.
Ese proceso está permitiendo que nuevas voces emerjan y eso genera una identidad cinematográfica cada vez más sólida.
“Se está dando una mayor profesionalización, más conexiones internacionales y una generación de artistas que está pensando en grande”.
“El cine tiene la capacidad de generar esas conversaciones desde la emoción, que muchas veces es el lugar más poderoso para iniciar un diálogo”.
Las conversaciones pendientes
Más allá del entretenimiento, Diro cree firmemente en el poder del cine como herramienta para generar reflexión. Por eso espera que Narciso deje una marca en quienes la vean.
“Me gustaría que la película permanezca en ellos más allá de los créditos”, dice. “Que se pregunten y cuestionen sobre los personajes y sus decisiones”.
La obra también abre una puerta para reflexionar sobre aspectos de la historia paraguaya que todavía merecen ser revisados.
“Creo que todavía tenemos mucho por hablar sobre nuestra memoria colectiva, sobre quiénes fuimos y quiénes queremos ser”, sostiene. “El cine tiene la capacidad de generar esas conversaciones desde la emoción, que muchas veces es el lugar más poderoso para iniciar un diálogo”.
El futuro empieza hoy
El objetivo de Diro es continuar creciendo dentro y fuera del país, llevando consigo la identidad de un actor formado en Paraguay.
“Me gustaría seguir creciendo localmente, pero también descubrir cómo puedo aportar y desarrollarme en proyectos internacionales”, explicó.
No descarta ningún género. Desde una comedia romántica hasta una producción de ciencia ficción, todo forma parte de las posibilidades que le gustaría explorar. Y aunque siempre hay algo nuevo por descubrir, sí tiene claro que le interesan los personajes que buscan su lugar, que atraviesan conflictos profundos y que logran tocar al espectador, sensibilizarlo o incluso incomodarlo.
Después de años dedicados a la actuación, hay una razón que sigue impulsándolo a aceptar nuevos desafíos.
“La experiencia de mirar el mundo desde nuevas perspectivas, a través de un personaje, es algo mágico. Mediante mi trabajo puedo desarrollar más la empatía, tanto en mí como en el público”.
Cuando imagina el futuro, no habla únicamente de su carrera. También piensa en el lugar que ocupará el cine paraguayo dentro de una década.
“Me encantaría mirar atrás sintiendo que todo el esfuerzo valió la pena y ser parte de esos actores que inspiran a nuevas generaciones”, dice.
Y sobre el futuro de la industria nacional, su visión es tan optimista como ambiciosa.
“El cine paraguayo está creciendo y mucho. En diez años lo imagino más sólido y con nuevos nombres fuertes conquistando festivales, en los que la presencia de Paraguay ya no será una novedad, sino una presencia esperada”.
“Me encantaría mirar atrás sintiendo que todo el esfuerzo valió la pena y ser parte de esos actores que inspiran a nuevas generaciones”.

