El mundial en Nivaclé

Cuando juega Paraguay, el fútbol pasa a ser una excusa nacional. Una manera de sentirnos unidos como pueblo, sin distinción alguna. De ahí nace El Mundial en nivaclé, una serie artística que propone una pregunta muy simple: si la fiebre mundialista se vive en cada punto del país, ¿por qué no mirarla también desde una de sus culturas más invisibilizadas?

Haciendo diligencias en cualquier rincón de la ciudad uno se encuentra con todo tipo de demostraciones de entusiasmo por la largamente esperada presencia paraguaya en el Mundial. Ese grito contenido durante casi dos décadas se expresa con justo fervor en las calles. Incluso la formalidad de la vestimenta laboral encuentra una pausa —plenamente justificada— llevando los colores albirrojos donde antes mandaban las camisas blancas y pulcras corbatas.

Pero el país no mira sólo desde un lugar. Mira desde Asunción y también desde el Alto Chaco. Mira en español, en guaraní, y en lenguas originarias. Mira con los códigos de siempre y también con esos que normalmente no aparecen en el relato nacional.

El Mundial en nivaclé, serie presentada por BGN/ARTE y Oniria/TBWA, vive desde el trabajo de Richart Peralta, artista del pueblo nivaclé, en diálogo con la voz de Romario Ignacio, relator de fútbol de la misma comunidad. A partir de la unión entre el trazo y el relato, se permite a la aventura albirroja ser interpretada desde una tradición visual y una voz que forman parte del Paraguay, pero que muy pocas veces ocupan el centro de su conversación masiva.

En esta serie de obras originales, en proceso a lo largo del Mundial, aparece un punto de vista distinto sobre una pasión que demuestra no conocer límites geográficos ni culturales.

Cultura y herencia

El arte nivaclé que da vida a la obra de Richart no viene de una escuela formal, sino de un saber popular transmitido dentro de la comunidad. Tiene una genealogía propia, un origen cercano y familiar: la técnica del legendario Clemente Juliuz, artista que convirtió el bolígrafo en una herramienta para registrar la memoria visual de su pueblo y denunciar las injusticias a las que era sometido.

Desde escenas cotidianas hasta animales, símbolos y paisajes del Chaco, su obra concibió un lenguaje reconocible que cruzó fronteras representando a nuestro país en muestras de todo el mundo, y luego fue transmitido a otros artistas de su pueblo.

Richart, su sobrino, es uno de los que continúan hoy esa tradición. Toma una técnica heredada y la lleva hacia nuevas escenas y nuevos territorios. Compone universos donde el cuerpo, los animales, los símbolos, la multitud y la memoria conviven en una misma superficie.

Pero hay algo poderoso en esa economía de medios; sus obras parecen pedir tiempo. Obligan a mirarlas de cerca; a profundizar en los detalles y encontrar, dentro de una escena aparentemente futbolera, una forma única de reconocerse en lo vasto de la emoción popular nacional.

Romario Ignacio es quien pone la voz y el análisis a esta colección. Este relator de fútbol de su comunidad vive cada partido con la misma mezcla de ansiedad, ilusión y esperanza que atraviesa a cualquier hincha paraguayo. Su voz en nivaclé funciona como una manera poética de narrar una pasión que se revela compartida por cada habitante de nuestro territorio.

La belleza de esta serie radica en no buscar contar la máxima fiesta futbolística planetaria como una transmisión común. No persigue la jugada exacta ni la repetición del gol ni el mero resumen del partido. Fija la mirada un poco más allá. En cómo la pasión puede tocar a una comunidad. Cómo una ilusión puede extenderse sin importar las barreras culturales. Cómo una figura de la Selección puede formar parte de una tradición visual que a priori quizá no le pertenezca al fútbol, pero que puede leerlo a partir de un sentimiento genuino. Y no menos importante: en una época dominada por la velocidad, es una oda a lo que permanece.

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