ENRIQUE COLLAR, SOLO UNA TARDE A DISTANCIA

Adéntrense en un espacio en el cual paisajes naturales, humanos e imaginados del Paraguay rural cobran vida, como son vistos por los ojos discernidores de Enrique Collar, el artista paraguayo cuyo regreso a su patria marca un hito tanto en el paisaje artístico del país como en sí mismo.

Por Sebastián Rypson | Traducción Valeria Gallarini

Como un antropólogo cultural polaco, profundizando en el campo de las artes visuales, me encuentro cautivado por la profunda exploración de Collar de los mitos y realidades paraguayas, en cómo congela el día a día (me atrevería a agregar un día a día predigital) y en cómo cristaliza con una inmediación impactante las vidas de sus compatriotas: campesinos, sus hijos y el entorno en el que viven.

Después de más de dos décadas desde su última muestra en Paraguay de su llamada Obra latinoamericana, Collar regresa, ahora armado con una riqueza de conocimientos de historia del arte, una técnica refinada, nuevas piezas y la influencia de su vida y práctica artística en los Países Bajos.

Las primeras expresiones pictóricas de la Obra latinoamericana de Collar, en los 90 e inicios de los 2000, estaban fuertemente inspiradas en el lenguaje único que dio origen en el continente latinoamericano, en la comprensión de que el espacio entre el mito y lo real es permeable, poroso, penetrable. El camino personal del artista, el cual le ha llevado de su Paraguay nativo a su residencia actual en Rotterdam, ha influenciado profundamente en su evolución artística. El vivir en distintos contextos culturales lo han expuesto a un rico entramado de tradiciones, costumbres y creencias, ampliando su comprensión de la experiencia humana.

Regreso a casa: una oda luminosa a Itauguá

Para celebrar su retorno, el artista se ha embarcado en un asombroso proyecto artístico, creando y agregando a una serie de pinturas figurativas, fotorrealistas, tal vez incluso metarrealistas, que representan un Paraguay casi rural y, así también, una realidad universal.

Me apresuro a señalar que, a la par de la borrosidad latinoamericana que se encuentra entre el mito y lo real, Collar tiñe de barro las aguas entre lo preindustrial, industrial, posindustrial y la realidad digital. Estos retratos evocativos, sin duda, ofrecen a los paraguayos una conexión instantánea, sumergiéndolos en escenas familiares que hablan de su profunda identidad cultural y memoria colectiva.

El espacio, tanto físico como conceptual, es un elemento central en la obra de Collar y asume un rol cautivante mientras que integra el lenguaje cinematográfico a sus pinturas. Basándose en sus experiencias como cineasta, Collar enriquece su arte con una cualidad multidimensional, invitando al espectador a conectarse con sus composiciones a un nivel inmersivo muy profundo. Esta fusión de disciplinas permite a Collar trascender el lienzo bidimensional, transportándonos a un realismo donde lo mundano se vuelve extraordinario, inmerso en un brillo luminoso reminiscente al realismo mágico latinoamericano.

La auténtica dedicación que Collar invierte en su arte se evidencia en el proceso meticuloso de creación de cada cuadro. Le toman entre dos y cuatro meses completar cada uno de sus lienzos grandes, demostrando una paciencia inquebrantable, asegurándose de que cada detalle sea ejecutado con precisión. Esta esmerada aproximación permite a Collar crear una realidad que trasciende los confines del lienzo rectangular, transportando a los espectadores al corazón del interior rural del Paraguay, donde la esencia de la vida diaria se ilumina con un radiante esplendor.

Una experiencia 360°

Como una verdadera obra maestra de esta exposición, Collar presenta el Gótico itaugüeño, pieza que cuenta con una vista panorámica de 360° que nos invita a una experiencia multidimensional a través del empleo de la realidad virtual. Con un guiño a la obra American Gothic, de Grant Wood, Collar nos llama a sumergirnos en su cautivador trabajo, difuminando los límites entre la realidad y la interpretación artística, y trascendiendo los límites tradicionales de la percepción.

Al ubicarlos en el centro de la obra, el espectador se convierte en un participante activo, interactuando con los detalles intrincados y las dimensiones espaciales desde cada ángulo. Este innovador concepto espacio-pictórico no solo expande las posibilidades de la pintura tradicional o desafía la noción tradicional del arte como la de una observación pasiva, sino que también desdibuja la línea entre el arte y el espectador, creando un encuentro inmersivo con el visionario mundo de Collar. Este encuentro inmersivo se convierte en un viaje antropológico en su propio derecho, ofreciendo una oportunidad única de inmersión instantánea en el trabajo de campo en una configuración coloquial paraguaya.

Adéntrense en el mundo de Enrique Collar y abracen la belleza reluciente de las (sur)realidades de su luminoso Paraguay.