Fernando deja su sello inconfundible en las páginas de cada edición. Un minimalismo elegante que convierte cada hoja en una auténtica obra de alta costura visual. Como editor de Arte y Diseño Gráfico de Level, su enfoque trasciende la gráfica: traduce ideas en imágenes, transformando conceptos en piezas que impactan y permanecen en la memoria.
Por Nora Vega · Fotos Roderic Da Silva · Makeup & Hair Lila Grassi
Desde joven, Fernando ya intuía que su destino estaba ligado a la estética, a la forma en que los espacios, las tipografías y las imágenes pueden comunicar más allá de las palabras. Y esa intuición lo llevó a buscar siempre un poco más. A los 18 años tomó una decisión que marcaría su vida: estudiar francés con la idea de viajar. Fue así como se postuló a un intercambio cultural en Lyon, ciudad célebre por su sistema urbano de iluminación.
Francia se convirtió en la chispa que abrió la puerta a un universo visual; entre costumbres distintas y paisajes europeos, Fernando descubrió el diseño de la luz. Allí, cursó en la Universidad Jean Moulin – Lyon 3, un programa único que lo conectó con la arquitectura y el diseño desde una perspectiva totalmente nueva.
“Siempre me gustó tanto el diseño gráfico como la arquitectura; y el diseño de iluminación conjugaba un poco de ambos mundos. Fue una experiencia única, porque prácticamente nadie en Paraguay había hecho algo así”, recuerda.
Su estadía en Francia se extendió por dos años y medio, tiempo suficiente para absorber referencias visuales inigualables; lo que terminaría marcando su impronta.

SUS INICIOS EN EL MUNDO DEL DISEÑO GRÁFICO Y LUMINARIO
Fernando comenzó su experiencia laboral con Celeste Prieto, una de las precursoras de la comunicación visual en nuestro país, y con Marina Jury, con quien afianzó su amor al diseño editorial. A la par, terminó la licenciatura en diseño gráfico en la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”, y comenzó a experimentar con proyectos propios.
Durante algunos años, combinó trabajos de iluminación, como la restauración del edificio histórico que hoy es sede del Banco Nacional de Fomento, con el diseño. Sin embargo, con el tiempo decidió enfocarse en lo que más lo apasionaba: la comunicación gráfica.
“El diseño es un espacio donde siento que puedo trabajar libremente”, confiesa.
Hoy día, cuenta con una carrera sólida como freelance y logró construir una cartera de clientes que confiaron en su estilo.

EL SALTO A LEVEL
En 2018 llegó la propuesta de sumarse al equipo de Level, gracias a Patricia Eulerich. “Al principio, mi trabajo se ajustaba a una línea gráfica preestablecida. Pero con el tiempo, tuve la oportunidad de insertar mi impronta en la estética visual”.
Tipografías más sobrias, juegos con el espacio en blanco, un mayor protagonismo de la fotografía editorial y un refresh que respetaba la esencia de la revista, pero con aires renovados.
Su rol de editor de Arte y Diseño Gráfico le dio autonomía para proponer el aspecto gráfico de cada edición. “Hoy, todo pasa por mis manos: tipografías, colores, fotos, diagramación. Agradezco mucho a Elías Saba, director, y a Kate Reichardt, editora en jefe, por confiar en mi visión”, explicó.
“Me gusta pensar que el diseño gráfico es el último eslabón de la revista, el que hace tangible todo el trabajo de este gran equipo”, subrayó.
LA REVISTA COMO DISEÑO EXCLUSIVO
“Armar una revista exige un nivel de detalle y armonía comparable al de una pieza de creación exclusiva. Cada tipografía debe dialogar con las fotos; cada color debe potenciar la historia que se cuenta. Nada queda librado al azar”, enfatiza Fernando.
Y aunque también trabaja en branding, packaging y proyectos digitales, el editorial ocupa un lugar especial en su corazón.
“Un logo puede durar diez años, sí, y tiene un peso enorme. Pero una revista es colección, es memoria. Para mí, Level es una pieza que merece ser guardada”, asegura.
Su estilo encuentra resonancia en distintas latitudes del mundo: de Alemania toma la precisión tipográfica; de Japón, la profundidad de lo simple; y de Francia, una mirada internacional y libre, que lo ayudó a situar su obra al nivel de cualquier revista internacional.
Hoy, cada composición suya es una declaración silenciosa de que la estética es equilibrio, y que el verdadero arte está en lograr que lo esencial hable por sí solo.

