José Mongelós: La voz del alma paraguaya

Con una formación lírica y un corazón profundamente enraizado en el folclore, José Mongelós busca universalizar la música paraguaya. Inspirado por la poesía de la guarania y convencido de que nuestras melodías están a la altura de cualquier obra internacional, proyecta grabar pronto su primer disco: un homenaje auténtico y vibrante a la música de nuestra tierra.

Por Nora Vega
Fotos: Alejandra Laterra

Desde que a los dos años cantó Manuelita frente a sus invitados, José Mongelós supo que el canto no sería un pasatiempo. Lo que a simple vista parece una anécdota tierna, en realidad era un niño que memorizó una gran cantidad de estrofas y sorprendió a los presentes por su afinación.

“El canto siempre fue un llamado interno, casi innato. Descubrí que la música clásica me ofrecía un camino claro, con formación y disciplina. Entendí que mi voz era un instrumento que debía entrenarse, y ahí el arte dejó de ser un hobby para convertirse en un proyecto de vida”.

El salto internacional

Formado en Asunción, Buenos Aires, Nueva York y Berlín, Mongelós habla con la tranquilidad de quien recogió enseñanzas en ciudades muy distintas. Asunción le dio el descubrimiento de la voz lírica; Buenos Aires, la base formal; Berlín, la técnica pura —“allí aprendí realmente a cantar”—; y Nueva York, el sentido del espectáculo.

“En Nueva York entendí que el arte debe ser un show completo; allí la disciplina de la ópera se fusionó con el showmanship de Broadway”, rememora, convencido de que la técnica y la puesta en escena deben caminar juntas. Para él, el rigor vocal no es un fin en sí mismo sino un puente hacia la emoción.

“La técnica debe estar al servicio de la interpretación y de la emoción”, expresa. “Busco sumar nuevos colores a mi voz, a mi arte y a mi forma de estar en el escenario. El cuerpo debe sentirse libre y, en esta etapa de mi carrera, mi objetivo es no pensar en la técnica ni en la respiración mientras canto, sino simplemente fluir y convertirme en lo que la obra necesita”.

La voz, explica, es un instrumento que involucra cuerpo y alma. Por eso, el descanso es esencial: “El silencio vocal es tan importante como el ensayo”.

José asegura que el verdadero secreto está en no separar al artista de la persona. “Mi vida personal es el combustible de mi arte. Organizo mi agenda por bloques, con tiempos definidos para la familia, el trabajo empresarial y los ensayos. Como empresario, productor y director, aprendí a delegar y a rodearme de equipos de primer nivel que comparten mis ideales”.

“El escenario que más me desafió técnicamente fue en Leipzig, Alemania, donde interpreté repertorio solista de J. S. Bach en el festival más importante del mundo dedicado a su música. Aquella presentación exigía una precisión vocal extrema. Pero, emocionalmente, el mayor desafío —y también la mayor alegría— siempre es cantar en casa, en Paraguay. Hay algo profundamente mágico en vibrar con mi gente, con mi público”.

Representar a Paraguay en escenarios internacionales le da tanto raíz como responsabilidad. Dice que en su voz lleva la historia no contada de su tierra, una sensibilidad que lo obliga a cantar “con el alma” y una estética sin artificios.

“Esta es la vibración del Paraguay, y es universal”, declara, convencido de que la guarania y la polca pueden convivir de igual a igual con cualquier obra del mundo. Ese puente entre lo local y lo global se hizo evidente en Ñomongeta, donde cantar en guaraní le tocó una fibra ancestral y le recordó que la música es también un diálogo con la memoria colectiva.

Not Opera

La búsqueda de libertad también lo llevó a crear Not Opera, un proyecto que mezcla ópera con pop, rock, jazz y música paraguaya. La idea surgió para romper rigideces y jugar en escena.

“Fue mi forma de liberarme y de llevar mi expresión operística a un lugar lúdico”, manifiesta. En ese formato, Mongelós procura que el público disfrute, que el espectáculo haga sentir, y que el repertorio local encuentre nuevas lecturas sin perder su esencia.

“Este proyecto significó un desafío enorme, pero muy divertido y, sobre todo, una forma de romper la rigidez de los géneros —y también la mía, por cierto— y que dio apertura a seguir explorando nuevos formatos de proyectos y shows”.

Su propósito es sencillo y profundo: conectar. “Me gustaría que me recuerden como el artista que movió algo adentro de las personas que me escucharon o vieron actuar”.

Esa voluntad de ser puente —entre géneros, públicos y emociones— lo define como un creador de experiencias que sigue explorando nuevas formas de llevar la vibración del Paraguay más lejos, sin perder nunca el pulso de su tierra.

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