Las travesías de Boesmi

Sebastián Boesmi ha construido una trayectoria marcada por el movimiento, la experimentación y una búsqueda permanente de nuevos lenguajes. Nueva York, París, Barcelona, Berlín, Johannesburgo, Ámsterdam, Miami y Madrid han dejado huellas en una obra que, sin desprenderse de sus raíces paraguayas, se nutre del encuentro con otras culturas, paisajes y maneras de entender el mundo.

Pintura, dibujo, escultura, instalación, video y nuevas tecnologías conviven en una práctica atravesada por la transformación. En esta conversación con Level, Boesmi recorre los lugares y experiencias que moldearon su mirada y reflexiona sobre identidad, pertenencia, libertad y creación.

 

¿Qué lugar ocupa Paraguay en tu formación personal y en la construcción de tu imaginario artístico?

Llegué a Asunción desde Salta cuando era un niño muy pequeño y aquel viaje fue el más significativo. Fue en Paraguay donde construí mis vínculos más fuertes, mi mirada sobre el mundo y mis primeras referencias con el arte y los artistas locales. También donde me formé en la Universidad Nacional de Asunción con Olga Blinder y otros artistas-docentes, y donde tuve mis primeras experiencias exponiendo.

Hoy, después de una larga travesía por el mundo, me resulta imposible separar mi obra de ese territorio físico y emocional. Paraguay está presente incluso cuando no aparece de manera evidente: en la memoria, en determinados colores, en mi relación con la naturaleza y en una manera particular de observar y construir imágenes y narrativas.

TU TRAYECTORIA ESTÁ MARCADA POR EL MOVIMIENTO. ¿CUÁNDO VIAJAR DEJÓ DE SER SOLAMENTE UNA EXPERIENCIA PERSONAL Y PASÓ A FORMAR PARTE DE TU LENGUAJE ARTÍSTICO?

Fue algo progresivo. Viajar comenzó a convertirse en parte de mi lenguaje cuando desplazarme dejó de significar únicamente cambiar de lugar y pasó a modificar el sistema desde el cual observaba.

Las residencias artísticas y los reconocimientos que recibí posibilitaron gran parte de esos desplazamientos. Viajar terminó transformándose en una metodología y me dio una cualidad excepcional como persona y creador: la capacidad de adaptarme a lo nuevo.

Hay una correspondencia entre mi biografía y la estructura de mi obra; ambas están atravesadas por la circulación, la transformación y la necesidad de no permanecer demasiado tiempo dentro de una única definición.

EN TU OBRA CONVIVEN DISTINTAS DISCIPLINAS. ¿ESA DIVERSIDAD DE LENGUAJES NACIÓ TAMBIÉN DE HABER VIVIDO EN TANTOS CONTEXTOS DIFERENTES?

Sí. Los viajes ampliaron enormemente mis posibilidades y me enfrentaron a otras formas de pensar y producir arte, pero esa diversidad también tiene mucho que ver con mi personalidad y con una necesidad de movimiento que existe en mí desde antes de ser artista.

La pintura sigue siendo un núcleo fundamental de mi práctica, pero alrededor de ella aparecen el dibujo, la escultura, el video o las nuevas tecnologías cuando una idea necesita otro lenguaje para desarrollarse.

Los viajes simplemente amplificaron algo que ya estaba en mí: la necesidad de moverme, descubrir y no permanecer demasiado tiempo dentro de una única forma de hacer o entender el mundo.

¿QUÉ SIGNIFICA PARA VOS LA PALABRA PERTENENCIA?

Soy un artista internacional pero principalmente soy un artista paraguayo. Vengo de ahí y esa pertenencia no se modifica por los lugares que haya habitado después. Al contrario, todos esos desplazamientos fueron ampliando y complejizando mi identidad.

Mi territorio de pertenencia se construye hoy en un espacio intermedio entre lugares, culturas y experiencias; un territorio que ya no es solamente geográfico, sino también emocional y creativo.

¿CUÁNDO SENTISTE QUE HABÍAS ENCONTRADO UNA VOZ VERDADERAMENTE PROPIA?

Encontré mi voz personal cuando realicé mi primera exposición individual en Casa Mayor, con la curaduría de Carlos Sosa. No quise hacer una muestra individual hasta sentir que mi lenguaje estaba realmente articulado y respondía a una frecuencia muy personal.

En mi obra hay elementos que funcionan como una especie de mapa. El principal es la imaginación. Construyo mis imágenes desde la incertidumbre y no desde la certeza; necesito imaginar para orientarme en aquello que todavía no comprendo.

También está mi relación con el color y los elementos gráficos. Siempre digo que soy un artista que pinta dibujando, porque la línea, el gesto y la estructura gráfica están presentes incluso cuando trabajo desde la pintura.

Las imágenes se desplazan de un medio a otro y adquieren nuevas posibilidades. Mi lenguaje no se define solamente por una estética, sino por una manera muy personal de trabajar y observar.

¿QUÉ ES EL ARTE PARA VOS?

No existe una única definición. Para mí, el arte es salirse con la suya. Con las ideas y con la materia, en un lienzo y en la vida. Tener la libertad de hacer y mirar donde uno quiere. Sin esa libertad, para mí, no hay arte.

Y salirse con la suya lo digo en un sentido muy amplio, incluso cercano a la naturaleza; ella también se abre camino, crece donde todo parece imposible y, de alguna manera, consigue existir.

Para mí, el arte tiene algo de ese impulso. Es hacer posible aquello que parecía improbable, hacerse preguntas y desplazar cosas e ideas de sus lugares habituales.

Es una forma de alquimia: tomar algo que ya existe —un objeto, un material, una imagen, una idea— y transformarlo hasta encontrar otra posibilidad.

Quiero que mis obras transmitan la alegría de vivir, el placer de crear, la libertad de imaginar y la capacidad de conservar una sonrisa incluso frente a un horizonte incierto. En ese sentido, crear también es una forma de resistencia.

“África amplió profundamente mi manera de observar. Berlín fue la experiencia más radical en términos de libertad, pero también me dio estructura y disciplina. Barcelona me aproximó a una relación más abierta entre arte, diseño, arquitectura y cultura urbana. París me enfrentó con la profundidad histórica del arte y con la conciencia de que cualquier gesto contemporáneo dialoga con una historia; y Nueva York amplió mi idea de lo que podía llegar a ser un artista contemporáneo”.

Ediciones anteriores