Su nombre comenzó a sonar con más fuerza gracias a Narciso, una de las producciones paraguayas más comentadas del momento, pero detrás de este presente existe una historia construida con años de formación, búsqueda artística y una convicción que nació mucho antes de los sets de filmación. Conversamos con Macarena Candia, una actriz que está escribiendo su propio capítulo en el cine paraguayo.
Actriz, bailarina, coreógrafa, diseñadora de vestuario y una de las figuras emergentes más interesantes de la escena audiovisual paraguaya, Macarena atraviesa una etapa en la que todo parece confluir: una película premiada internacionalmente, una carrera en ascenso y la experiencia transformadora de convertirse en madre por primera vez. Todo al mismo tiempo.
“Es un sueño cumplido”, dice sobre la etapa profesional que está viviendo.
La frase resume una realidad que muchas veces permanece invisible. Detrás de cada actriz, hay años de preparación, audiciones y perseverancia. En el caso de Macarena, el arte apareció primero a través de la danza, disciplina en la que desarrolló una sensibilidad que hoy continúa definiendo su trabajo frente a las cámaras.
Artista desde la cuna, desde muy chica, supo que quería actuar.
“Empecé con la danza y terminé mi carrera, pero siempre sentí que mi cuerpo me pedía hacer actuación”, recuerda.
Quizás por eso sus personajes suelen construirse desde una mirada muy física y emocional. Antes que memorizar diálogos, le interesa comprender el universo interno de quienes interpreta.
Lo que más disfruta de su profesión no es únicamente actuar, sino la posibilidad de habitar otras realidades.
“La posibilidad de vivir muchas vidas en una sola, el desafío de entender a un personaje, de sumergirme en su universo, de empatizar, descubrir y jugar con eso”, explica.
Macarena apuesta por algo más profundo: la observación. Para ella, actuar implica entender a las personas, incluso aquellas que piensan o sienten de forma completamente diferente.
“Gracias a la actuación una persona se vuelve más empática con el ser humano. Es como investigar la mente y, a partir de ahí, es inevitable tener otra mirada ante la vida”.

El universo de Narciso
Cuando recibió el guión de Narciso, supo inmediatamente que estaba frente a un proyecto especial. No solo por la historia, sino por la dimensión artística y emocional que exigía.
“Sentí que iba a ser algo demasiado grande e interesante, que iba a ser desafiante. Fue una mezcla de miedo y emoción absoluta”.
Ese vértigo inicial terminó convirtiéndose en uno de los motores del proceso creativo. Como ocurre con los personajes que dejan huella, el suyo le planteó preguntas inesperadas. Lo curioso fue que, en varios aspectos, se parecía a ella misma, según nos contó. Pero, lejos de facilitar el trabajo, esa cercanía la obligó a profundizar aún más en la construcción del personaje.
“El personaje tenía una energía muy parecida a la mía y poder proponer desde otro lugar fue un verdadero desafío. Lo rico de un personaje es encontrar pequeñas cosas que hacen que vibre desde otro lugar, incluso cuando se parece a vos”.
La experiencia también le permitió compartir con actores de distintas generaciones, algo que considera uno de los grandes valores de la producción audiovisual paraguaya actual.
“Fue de las experiencias más enriquecedoras. Poder estar cerca de gente con tanta trayectoria te invita a ponerte al nivel y también a aprender. En Paraguay hay muchísimo talento en todas las generaciones”.
Un cine que crece
Más allá de la trama, hay un aspecto de su personaje que a Macarena le interesó especialmente destacar: su libertad.
“Me gustaría que puedan ver que ese tipo de mujeres existían antes también. No importa cuánto tiempo pase o en qué momento se encontraba nuestro país, siempre existieron mujeres que se animaban a disfrutar en libertad de la vida, de su sexualidad y de su personalidad”.
Esta reflexión conecta además con una inquietud más amplia sobre las historias que todavía faltan relatar en Paraguay.
“Tenemos muchísimo por contar. Recién estamos empezando. Me parece importante poner en pantalla el papel de la mujer paraguaya, no solo en época de las guerras, que casi nada se contó aún, sino también en la actualidad”.
En la escena local, Macarena destaca especialmente la sensibilidad cinematográfica de Marcelo Martinessi.
“Admiro muchísimo la mirada de Martinessi, creo que es increíble su forma de encarar el cine”, dice.
Y entre las nuevas generaciones, mencionó a su marido, Jorge Fernández.
“El día que se descubra su luz, creo que va a ser imparable”, asegura.
Y entre las actrices paraguayas, resaltó el talento y la fuerza interpretativa de Guada Lobo.
El capítulo que está viviendo
Si algo caracteriza a esta nueva generación de artistas es su capacidad para moverse entre múltiples facetas. En el caso de Macarena, la maternidad llegó en pleno crecimiento profesional y transformó por completo su perspectiva con la llegada de Joaquín, su hijo.
“Creo que estoy en el nudo de la película”, dice entre risas. “Estoy siendo mamá primeriza, entonces mi vida está pasando por mil cambios al mismo tiempo, redescubriéndome a la par que corro tras mis sueños profesionales”.
Mientras imagina los próximos años, esta actriz, que cuenta con una impecable presencia escénica, tiene muy claro cómo le gustaría que el público le recuerde:
“Espero que sientan que mi trabajo es honesto”, y ese es su sello personal.


