Figura clave en el mundo de la asesoría de imagen en Paraguay, Myriam Raphael supo construir una carrera que combina elegancia y profesionalismo, con un marcado paso en la televisión, integrando su visión de la moda y el poder transformador de la buena imagen. Detrás de su trayectoria hay una historia de observación, sensibilidad y constancia.
Desde muy joven, supo que su conexión con la estética iba más allá de lo superficial. Su madre fue su primera fuente de inspiración: una mujer con gusto exquisito y presencia impecable, que le enseñó sin palabras el valor de los detalles.
Esa intuición fue madurando hasta convertirse en profesión. Su primera experiencia práctica llegó de forma espontánea, asesorando a una amiga, Larissa Krish, lo que le permitió experimentar y confirmar que había encontrado su vocación. Así comenzó a construir un camino propio en un ámbito todavía poco explorado en Paraguay: la asesoría de imagen profesional.
Su salto a la televisión fue decisivo. En un medio donde la apariencia era parte del mensaje, Myriam introdujo una mirada nueva, coherente y estratégica. La confianza de periodistas como Óscar Acosta, Luis Barreiro y Arturo Rubín fue clave para demostrar que el estilo también comunica credibilidad. Uno de sus mayores reconocimientos llegó de la mano de Aldo Zucolillo, quien la elogió comentando que ella cambió la imagen de la televisión paraguaya.
EL CUIDADO DE LA IMAGEN
A lo largo del tiempo, Myriam entendió que su trabajo trasciende lo estético. Su objetivo no es transformar a las personas, sino ayudarlas a encontrarse. Para ella, la verdadera seguridad nace del proceso de acompañamiento, de la escucha y del respeto por la identidad de cada cliente. “La asesoría de imagen implica empatía, sensibilidad y comprensión. No se trata de imponer, sino de guiar con humildad”, sostiene.
Esa misma coherencia se refleja en su estilo personal, que ha evolucionado junto a ella. Siempre evitó los excesos y los logotipos visibles, apostando por prendas con caída, materiales nobles y cortes impecables. Hoy, su estilo se adapta a los cambios de su cuerpo y su momento vital, manteniendo intacto su sello: la elegancia disruptiva.
La etiqueta y el protocolo forman parte natural de su filosofía, aunque no los vive como rigidez, sino como un reflejo de educación y empatía. Para Myriam, tener buen gusto no consiste solo en vestirse bien, sino también en saber comportarse. “La etiqueta es respeto. No se trata de reglas, sino de cómo tratás a la gente”, afirma.
Con el paso del tiempo, Myriam se consolidó como referente de imagen, tanto para figuras públicas como para marcas y medios. Además de su trabajo como asesora, colabora con Level en la sección de Key Items, donde comparte su mirada sobre tendencias internacionales. “Más que educar, mi objetivo es mostrar lo que se usa, lo que viene y cómo adaptarlo. Es una forma de curar la información y mantenernos conectados con el mundo”, explica.
Su filosofía, en esencia, es una declaración de autenticidad. Para Myriam Raphael, la imagen no es vanidad, sino coherencia: una expresión visible de la actitud, la educación y la personalidad. Y eso, precisamente, es lo que la convierte en una embajadora de la asesoría de imagen.


