La final de la Copa Mundial FIFA 2026 ya venía cargada de emoción, pero Paru Familia consiguió llevarla a otro nivel con la producción del Pitchside Club en Paraguay. En esta nota, nos cuentan sobre el desafío de adaptar un formato internacional al público local y crear una experiencia capaz de transmitir la intensidad de estar a pocos metros de la cancha.
La propuesta llegó con una identidad definida y antecedentes en otros mercados. El trabajo consistió en interpretarla desde la mirada local: comprender sus códigos, adaptarlos al público y convertir una idea global en una experiencia que se sintiera cercana.
“Lo tomamos como una responsabilidad, y también nos puso contentos que nos hayan convocado para este evento”, explica Juan Carlos Guerrero, director de Paru Familia.
Era una oportunidad para mostrar lo que mejor Paru Familia sabe hacer: producir encuentros donde la gastronomía, la ambientación, la música y la atención no aparecen como elementos separados, sino como partes de una misma historia.
“Todo tenía que estar resuelto antes del pitido inicial, que marcaba el comienzo de la gran fiesta de la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Lo más difícil —además de lo operativo— fue estar a la altura de un público que ya llegaba cargadísimo de emoción y de grandes expectativas sobre la noche”, señaló Juanca.
Durante tres meses, más de 100 personas trabajaron entre producción, montaje, gastronomía, atención y coordinación.
Detrás de las imágenes del evento hubo reuniones, planillas, pruebas, proveedores, recorridos y decisiones técnicas.
Esa es una de las mayores habilidades de una buena productora: conseguir que lo complejo parezca sencillo.
“Detrás de una noche que fluye hay un montón de decisiones que el público nunca ve, y ahí es donde de verdad se juega todo”, expresó el director de Paru Familia.

La cancha tenía que sentirse cerca
El concepto creativo partió de una idea muy clara: acortar la distancia con el partido. Las pantallas eran importantes, pero por sí solas no alcanzaban. Había que lograr una coherencia entre todos los elementos.
“Queríamos que la cancha se sintiera al lado, no en la tele”, dijo Juanca.
A partir de esa premisa se pensó cada decisión. La ambientación debía conversar con la propuesta gastronómica; la música tenía que acompañar la energía del encuentro; y la atención debía ser ágil, especialmente durante los momentos decisivos.
Esa coherencia forma parte de la manera en que trabaja Paru Familia.
“Partimos siempre del ADN de la marca. Es el mismo criterio con el que abordamos la creatividad en Perales: cada elemento se evalúa según si suma o distrae del relato. Si algo es atractivo, pero no dialoga con la identidad, queda afuera”, expresó Juanca.
La mejor prueba llegó después del pitido final. El partido había terminado, pero la gente no se fue. La energía continuó, el espacio siguió vivo y la noche encontró su propio ritmo. Para el equipo, esa permanencia espontánea fue una de las señales más claras de que la propuesta había conectado.
Para una empresa paraguaya, asumir una producción vinculada a un acontecimiento de escala mundial, como lo fue el Pitchside Club, representa una oportunidad para demostrar la capacidad local.
“Es la prueba de que desde Paraguay se produce con estándares internacionales. Demuestra que el talento y la capacidad de ejecución están a la altura”, asegura Juanca.
Esa mirada, sin embargo, no se limita a los grandes eventos. La misma esencia está presente en propuestas tan diferentes como la Feria de la Frutilla o los domingos de pizzas y empanadas, donde una idea sencilla se convierte en una excusa para reunirse, compartir y construir alrededor de ella un pequeño universo.
“Finalmente la gente va a un evento por la experiencia, no por el producto suelto”, finalizó Juanca.


