S.Pellegrino Young Chef Academy: Paraguay en el radar gastronómico

La escena gastronómica local atraviesa un momento silencioso pero potente. Con la apertura de la séptima edición del S.Pellegrino Young Chef Academy Competition, el talento joven de Paraguay tiene una nueva oportunidad para demostrar que la cocina guaraní no solo tiene sabor, sino un mensaje capaz de resonar en el mundo.

En las cocinas de Asunción y del interior, algo se está cocinando a fuego lento. No es solo el hervor de un caldo; es el despertar de una generación que ha dejado de mirar únicamente hacia afuera para empezar a entender el valor de lo propio. En ese contexto, desembarca una vez más en el país la S.Pellegrino Young Chef Academy Competition, una de las plataformas globales más prestigiosas para la gastronomía emergente, que busca identificar a los cocineros que definirán el futuro de la industria.

Lejos de ser un simple certamen bajo presión, este proyecto funciona como un trampolín estratégico. Está diseñado para chefs menores de 30 años que entiendan que hoy la técnica es el piso, no el techo. El objetivo es encontrar a quienes puedan contar una historia a través de un plato insignia. Porque, como se destacó en la reciente conferencia de prensa en Asunción, en la alta cocina contemporánea ya no alcanza con cocinar bien: hay que tener una postura ante el mundo y una identidad irrenunciable.

La experiencia de Paulina Guillén

Para entender el impacto real de esta competencia, hay que mirar el camino de Paulina Guillén. Ella portó la bandera paraguaya en la edición anterior en Perú, y su testimonio es la antítesis del discurso corporativo. “Para mí, lo más importante es la ident
idad y las ganas de superarte”, resume.

Para Paulina, el proceso no fue una carrera de velocidad, sino una transformación profunda de introspección y aprendizaje. Fue el momento en que entendió que su voz tenía peso internacional. A su lado, como mentor, estuvo el chef Julián Endara. Juntos abordaron el desafío no como una receta, sino como un proyecto integral. “No se trata solo de cocinar, sino de construir un contexto completo”, explica Julián. Esta visión es la que separa a un cocinero de un autor: entender que el plato empieza en el productor y termina en la emoción del comensal.


Identidad en el plato con el pirá caldo tatá

Esa filosofía se materializó en la propuesta que Paulina llevó al jurado: una reinterpretación del pirá caldo tatá. Utilizó elementos profundamente ligados a la cultura local, elevando así lo cotidiano.

Desde la sopa paraguaya —presentada con orgullo como la única sopa sólida del mundo— hasta el uso de las brasas, el kambuchi y las técnicas ancestrales, cada detalle transmitía un origen claro. Incluso la vajilla, desarrollada exclusivamente por alfareras de Itá, logró una sinergia perfecta entre oficio, territorio y alta cocina. Fue la demostración de que Paraguay tiene una narrativa visual y táctil tan rica como su paladar.


Más que un trofeo, una transformación

Más allá de los puntos, ambos coinciden en que lo más valioso fue el proceso interno. “La competencia me ayudó a romper muchos miedos”, confiesa Pauli. La convocatoria es una invitación a la audacia, y Julián lo dice sin filtros: “El que no arriesga, no gana. ¿Qué puede pasar? Que te digan que no. Pero esa es la única manera de crecer”.

Desde la organización refuerzan esta idea de resiliencia: no hay límite de intentos. Hay historias de chefs que regresaron años después, con una idea más madura, para alzarse con el triunfo global.

El proceso de selección se basa en tres pilares evaluados por el centro ALMA:

– Habilidad técnica: maestría en el producto.
– Creatividad: perspectiva original.
– Creencia personal: la visión del mundo del chef.


Una ventana al mundo

Para Paraguay, esta oportunidad permite posicionar nuestra gastronomía en una conversación global donde el país todavía tiene un campo por explotar. “Paraguay tiene una identidad increíble, pero todavía no llegó al mundo con toda su fuerza”, reflexiona Julian. El problema no es la falta de contenido, sino de exposición.

El recorrido para los seleccionados este año incluye finales regionales en Panamá antes de la gran final en Milán. Sin embargo, Paulina es prueba de que no hace falta llegar a Italia para ganar: su participación le abrió puertas de networking y conexiones internacionales que siguen activas hasta hoy.

La gastronomía es una cadena que involucra productores, artesanos e historia. “El trabajo es de todos”, insiste Julián. Con una generación joven y curiosa, el desafío es dar el paso al frente.

Las postulaciones cierran el 9 de junio. La invitación está sobre la mesa y el verdadero premio es la decisión de haberlo intentado.

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