En los últimos años, un grupo de cuerdas ha logrado captar la atención del público local con una propuesta fresca, elegante y absolutamente contemporánea. Se trata de Asuncion Quartet, el ensamble que fusiona la técnica clásica con el pulso del pop moderno y que hoy se consolida como una de las agrupaciones más innovadoras del país.
Por Valentina del Valle
Al frente del cuarteto está Fabio Araujo, violinista y fundador del proyecto, quien desde niño encontró en el violín una forma de expresión que con el tiempo se transformó en vocación. Antes de crear el cuarteto, Fabio ya era un nombre reconocido en el circuito de eventos sociales y corporativos. Sus presentaciones destacaban por la versatilidad: del repertorio clásico podía pasar a versiones instrumentales de temas actuales, conectando inmediatamente con públicos muy distintos. “Aprendí que el oído del público siempre busca nuevos sonidos. Por eso hay que innovar constantemente, cada evento es único”, afirma.
El nacimiento de Asuncion Quartet, cuenta, fue casi un accidente. “Unos clientes me pidieron formar un cuarteto de cuerdas para su boda. Reuní a colegas de altísimo nivel, hicimos el show y me di cuenta de que había algo especial”. Ese momento fue el inicio de un proceso que hoy posiciona al grupo como un referente dentro del circuito musical local, reconocido por su estética cuidada, precisión técnica y un repertorio que combina lo clásico con una frescura muy actual.
NEW AGE VOL. 1: SU ÁLBUM DEBUT
El reciente lanzamiento de su primer álbum marca un hito para la agrupación. “Desde el inicio quisimos que Asuncion Quartet fuera distinto. Un cuarteto de cuerdas con instrumentos clásicos interpretando música de nuestra era. Eso era lo que soñábamos, y haberlo concretado en un disco es una enorme satisfacción”, explica Fabio.
La producción estuvo a cargo de Luigi Manzoni en los estudios Billowma, y el proceso —según el violinista— fue tan profesional como fluido. “Todos venimos del ámbito orquestal y sabíamos lo que buscábamos. Fue un trabajo muy natural”.
El repertorio fue seleccionado con precisión. Aunque sus integrantes provienen del mundo clásico, disfrutan de los desafíos que implica adaptar música popular a un formato camerístico. Un ejemplo es Bohemian Rhapsody, de Queen, incluida en su EP: una obra exigente, rica en recursos clásicos y que refleja la identidad del cuarteto. “Eso nos representa: la mezcla entre la técnica y la emoción”, señala Fabio.
Hoy, con 28 años y casi dos décadas de trayectoria, el violinista vive uno de sus momentos más prolíficos. Este año lo encontró multiplicando proyectos: el disco del cuarteto, una presentación junto a la Sinfónica Nacional y el Ballet Únicos, además de nuevas propuestas musicales para eventos. “Siento que esto recién empieza. 2026 promete mucho”, asegura.
Detrás del virtuosismo hay también una conexión profunda con el arte. “Hay sentimientos que las palabras no pueden expresar, y ahí entra la música. Transmitir emociones a través de melodías que tocan algo en la gente es un privilegio. Eso es ser artista; somos nosotros quienes escribimos la historia de la industria”, reflexiona.
Con visión clara y una energía imparable, Asuncion Quartet representa lo que ocurre cuando el talento y la pasión se encuentran con disciplina y audacia.
Con la necesidad de encontrar un equilibrio en medio del desorden, Sebastián Boesmi presentó su nueva muestra Orden en el caos. A través de escultura, pintura, dibujos y videoarte, el artista plástico representó la complejidad visual y simbólica del mundo contemporáneo.
Boesmi, quien inició su carrera artística hace más de 20 años, basa su trabajo en conceptos como la transformación y el camuflaje. Utilizando elementos naturales, urbanos y de la cultura digital, concibe imágenes con múltiples capas, explorando así ese caos aparente y cotidiano, creando su propio orden.
“Busco abrir espacios para la imaginación, donde las ideas, el color, la luz, el sonido, lo volumétrico y la imagen en movimiento se entrelazan en obras complejas y ricas en detalles que demandan contemplación”, explica el artista.
En la muestra Orden en el caos, Boesmi presentó obras en diferentes formatos. La principal es la escultura del Piano Bull, personaje que lo acompaña desde niño, y que en esta oportunidad llevó a una escala monumental. Con 117 cm de alto, 130 de largo y 80 de ancho, es la escultura más grande que realizó en su carrera, luego de 14 meses de idea, moldeado, pruebas y producción.
La obra fue enviada desde Madrid en avión en una caja diseñada especialmente para su transporte. El contenedor también es parte de la obra, ya que, al estar pintado y firmado en sus cuatro lados, puede permanecer como caja o ser transformado en cuatro cuadros únicos.
“El proceso implicó una investigación de materiales y una técnica experimental que combina tecnología de punta y procesos artesanales tradicionales. La pieza fue pintada a mano en una cámara presurizada para ser finalmente lacrada. Cada detalle técnico fue muy pensado y solo la cabeza llevó semanas de trabajo”, explicó el artista.
Orden en el caos fue presentada en septiembre en la galería Matices, formando parte del circuito de Pinta Asunción Art Week.
Asimismo, en la muestra se pudieron encontrar 8 unidades de edición limitada de la serie del Piano Bull, en su presentación en pequeña escala. Las esculturas fueron realizadas de resina, bronce pulido y bronce cremado, pesando 7 kilos cada una.
Oda al arte urbano
En Orden en el caos, Sebastián también presentó un proceso de traducción de lenguajes con obras de su proyecto Curadurías Clandestinas, que toma grafitis de las calles del centro de Asunción y los transforma en luz con esculturas de neón.
“El proyecto nace como acto de resistencia y de revelación que propone un gesto simbólico: iluminar lo olvidado y dar al arte urbano un lugar más en la memoria, en el archivo, en la mirada. Este gesto no busca borrar lo clandestino, sino desplazarlo, arrancarlo por un instante de la intemperie de la calle y situarlo en otro contexto, ya sea galería o institución, donde pueda vibrar con otra luz, sin dejar de pertenecer a la calle”.
Convencido de que el arte debe ser un espacio transversal y de inclusión, Boesmi implementó la utilización de códigos NaviLens en su muestra, diseñados para ayudar a personas no videntes a entender sus obras. La iniciativa nace del deseo de abrir las ideas que conforman sus obras a más personas, especialmente a quienes han quedado al margen de la experiencia visual.
Orden en el caos fue presentada en septiembre en la galería Matices, formando parte del circuito de Pinta Asunción Art Week, y contó con la curaduría de Javier Díaz-Guardiola, periodista especializado en arte contemporáneo, crítico y comisario de exposiciones.
Por otro lado, fiel a su interés por generar espacios libres de jerarquías y estructuras rígidas, el artista impulsa los Talleres Experimentales. En estas instancias invita a estudiantes y creadores de artes visuales a participar en encuentros donde transmite ideas y fundamentos que marcaron sus más de 20 años de trayectoria.
“Compartir conocimientos es vital: siento que el arte se expande cuando circula, y dar herramientas a otras personas es también una forma de aprender”.
Actualmente, Sebastián Boesmi continúa profundizando su investigación artística y trabajando con la tecnología para lograr un arte más sostenible. Adelantó que el año que viene participará en ferias internacionales y se encuentra desarrollando una nueva serie de esculturas y personajes que van a encontrar su lugar en espacios públicos y al aire libre.
Cada pieza de La Sedería es mucho más que un simple retazo de tela; es el inicio de una historia, un diseño y una creación destinada a perdurar en el tiempo, pasando de generación en generación. En esta nota, Valen Acevedo nos abre las puertas de este espacio que, desde 2012, marcó un antes y un después en el mundo textil de Paraguay.
Ubicada en el barrio Villa Morra, La Sedería nació con una idea clara: ofrecer telas exclusivas, importadas y pensadas para mujeres que buscan destacarse. Un homenaje a la elegancia femenina y a ese deseo de vestir con intención en momentos especiales.
Más que textiles, son piezas únicas. La propuesta de La Sedería se sostiene sobre dos pilares: exclusividad y calidad. En el local se encuentran telas importadas de alta gama, desde géneros bordados con pedrería hasta propuestas prêt-à-porter pensadas para todo tipo de eventos.
Se destacan una variedad de textiles que incluye tules, crepes, gasas, organzas, linos, shantung, satines, randas, flecos, plumas y apliques. “Nuestra pieza central es la línea exclusiva de tules bordados, una colección que no se encuentra en otro lugar y que permite crear prendas únicas”, dijo Valen Acevedo.
Cada género que entra en la tienda es elegido con sumo cuidado. “Nuestras colecciones son importadas, principalmente de Asia y Medio Oriente, regiones con una tradición textil riquísima. No es solo materia prima: cada tela es un punto de partida, el inicio de una creación que lleva historia, forma y sentimiento”, agregó la co-propietaria.
Volver al slow fashion
En un mundo donde todo parece acelerado, Valen defiende la pausa: “Creemos firmemente en el movimiento del slow fashion. Elegir una tela y mandarla a confeccionar es un proceso de empoderamiento. Es una declaración de intenciones: optar por una prenda que no solo calza perfecta, sino que cuenta una historia. Nos encanta ser parte de ese viaje creativo que le da propósito a un diseño”.
La Sedería hoy es el destino favorito de diseñadoras, novias y mujeres sofisticadas que valoran los detalles. “Aquellas que valoran la calidad, la exclusividad y el proceso manual; que les encanta perderse entre texturas, porque entienden que cada tela tiene alma”.
Cada una de las piezas de La Sedería es un lienzo para la expresión. Un satín evoca lujo y fluidez, ideal para caídas elegantes. Un tul bordado habla de romanticismo y artesanía, transformando cualquier diseño en una obra de arte. Una organza sugiere ligereza y sofisticación, mientras que un crepé ofrece estructura y versatilidad.
Y cuando llega el momento de elegir, Valen es clara: “Lo más importante es la conexión personal que se crea con la tela. La textura, la caída y el color deben resonar con la visión y la ocasión para la que se destina. En La Sedería, acompañamos este proceso, ayudando a visualizar cómo la tela se transformará en la creación de sus sueños. Es un equilibrio perfecto entre funcionalidad y creatividad”.
En cuanto a tendencias, los encajes —con su delicadeza y transparencia— siguen siendo un furor, mientras que los metalizados aportan un aire moderno a cualquier look. Y, por supuesto, no hay que olvidarse de los clásicos prints florales y el infaltable animal print que nunca pasan de moda.
Un futuro con más inspiración
Este año está lleno de novedades emocionantes. “Estamos en proceso de rebranding y también próximos a lanzar nuestra página web, la cual facilitará la visualización de nuestras colecciones. Además, el mes pasado comenzamos con la serie Entretelas, un proyecto que dará una mirada íntima al proceso creativo de las diseñadoras que nos eligen”, contó Valen.
El gran sueño de La Sedería empieza a tomar forma, porque ya están trabajando en la apertura de un espacio que ofrecerá una selección de telas aún más irresistible. Este nuevo punto de encuentro tendrá varios niveles y ambientes como una cafetería, que hará de cada visita un momento especial.
Será un verdadero santuario para las diseñadoras, donde la inspiración se respirará en cada rincón y las ideas cobrarán vida sin límites.
En el panorama cultural paraguayo, pocos nombres resuenan con la fuerza y la constancia de Lía Colombino. Museóloga, escritora, investigadora, editora y docente, su trayectoria se teje entre la palabra y las artes visuales, entre la gestión institucional y el acompañamiento creativo a generaciones de jóvenes. Con más de dos décadas de trabajo sostenido, Lía encarna a la perfección lo que significa ser una mente creativa: alguien que piensa, construye y transforma desde la cultura.
Su historia comienza en un entorno donde los libros, los proyectos de arquitectura y las obras de arte eran parte natural de la vida cotidiana. “Escribo desde que aprendí a escribir, inventaba cuentos antes incluso de saber escribir”, recuerda. Esa pasión inicial se profundizó en espacios de aprendizaje como el Taller de Expresión Infantil (TEI), donde, de la mano de referentes como Maricha Heisecke y Olga Blinder, comprendió que la creatividad no era solo un ejercicio de expresión, sino una manera de pensar fuera de los moldes.
Lía se formó como museóloga en la Universidad de Valladolid en 2002 y complementó ese recorrido con experiencias intensas en Buenos Aires: talleres de escritura, seminarios críticos y una vida rodeada de cine, literatura y encuentros con maestros como Ticio Escobar, que marcaron su manera de comprender el arte y la cultura. Desde entonces, su trabajo ha sido un entramado de roles que se alimentan entre sí: la edición como forma de ordenar y dar sentido, la escritura como núcleo vital y la gestión cultural como práctica para sostener espacios.
Una figura multidisciplinaria
Aunque reconoce que no tuvo que abrirse paso en el ámbito cultural, Lía señala: “Soy una privilegiada; lo que cuesta es sostener los espacios”. Su labor ha sido clave en la construcción de instituciones y proyectos que hoy son referentes. En el Centro de Artes Visuales/Museo del Barro se desempeña como directora del Museo de Arte Indígena, mientras que actualmente también lidera el Instituto Superior de Arte Dra. Olga Blinder de la FADA-UNA, enfrentando los desafíos de una educación atravesada por tensiones políticas.
Su vínculo con la escritura es transversal: dirige talleres desde el año 2000, acompaña a personas que buscan expresarse o publicar, edita libros, textos institucionales y curatoriales, y sigue trabajando en su tesis doctoral en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires. “La palabra ocupa un lugar central en mi vida y en mi trabajo”, afirma.
Los museos, para ella, son espacios donde el visitante se expone a que algo ocurra; lugares que transforman la experiencia y reconfiguran el presente. Esa perspectiva, nutrida por lecturas críticas y por su propia práctica, atraviesa todo lo que hace.
Su paso por esta revista también dejó huella. “En Level tuve la oportunidad de crear la revista desde cero. Me permitió, además, la profesionalización en el ámbito de la redacción, que no es poco: vivir de lo que sabés hacer”, señala.
Hoy, entre la gestión institucional, los proyectos editoriales y su investigación académica, Lía Colombino sigue aportando a la construcción de un ecosistema cultural que entiende lo artístico no como un lujo, sino como una dimensión inseparable de la ciudadanía. Su camino confirma que la creatividad, cuando se sostiene con disciplina y compromiso, puede ser motor de comunidad, pensamiento y futuro.
Desde pequeña, Adri Morro aprendió a observar la comunicación con atención. En su casa, los diarios se compartían como un ritual: sus padres elegían distintas secciones y ella se quedaba siempre con Arte y Espectáculos. Leía reseñas de películas, decidía qué obras de teatro ver y se sumergía en las revistas que su mamá coleccionaba. Allí nació su amor por el periodismo escrito.
“Las relaciones públicas vinieron después, sin querer, como algo que me salía naturalmente y como otra forma de comunicar que también me apasiona”, recuerda.
Sus inicios marcaron una trayectoria que hoy combina la escritura, la edición de contenidos y la dirección de su propia agencia de PR, Adri Morro Prensa + Contenidos. Animarse a emprender fue un punto de inflexión: no solo implicó tomar la decisión, sino también formarse en áreas nuevas —administración, contabilidad, gestión de equipos— que le permitieron construir una visión integral de su trabajo y de cómo la comunicación puede transformar proyectos.
Su filosofía se sostiene en un principio innegociable: la verdad.
“Decir siempre la verdad y mantener la objetividad” es su regla fundamental, tanto para clientes como para audiencias. Para Adri, las tendencias cambian, pero hay algo que nunca pierde vigencia: la necesidad de comunicar desde lo genuino.
Su carrera también estuvo marcada por un paso decisivo por Level, donde ingresó gracias a la recomendación de Lia Colombino. Después de años editando una revista de turismo a bordo de una aerolínea, Level le permitió reinventarse: trabajar desde casa, equilibrar su vida familiar y avanzar en proyectos personales.
Allí aprendió de colaboradores y periodistas como Nora Vega, quien la llevó a ser más cuidadosa y respetuosa con la voz de cada redactor. Del área comercial, con Rocío Báez y Pati Saldívar, entendió cómo equilibrar lo periodístico y lo comercial. Y con Elías Saba, director de la revista, incorporó herramientas de liderazgo, escucha activa y valoración del talento del equipo.
El desafío de emprender
Doce años después de haber fundado su agencia, Adri reconoce que este camino le dejó una enseñanza esencial: la importancia del autocuidado. Integrarse a la Asociación de Emprendedores de Paraguay (Asepy) le permitió conectar con colegas, compartir experiencias y verse como parte de un ecosistema más amplio. “Asumirme como emprendedora fue un paso importante para mí”, afirma.
Hoy, lo que la motiva es acompañar a personas y organizaciones a acercarse a sus audiencias con autenticidad. Se reconoce como alguien que siempre estará comunicando, aunque no descarta abrir nuevos espacios donde compartir lo aprendido.
Para Adri, la comunicación es más que un oficio: es una forma de vida, la posibilidad de conectar, contar historias y dar voz a aquello que merece ser escuchado.