1900 Cars nació para traer al presente el encanto de otras épocas, convirtiendo cada celebración en una experiencia inolvidable, con estilo, carácter y un toque de nostalgia. En esta nota, Hernán Glavinich nos abre las puertas de esta empresa familiar que, con sus autos, logra que cada trayecto quede grabado como un recuerdo para toda la vida.
Por Nora Vega Fotos: Alejandra Laterra y gentileza
Autos con historia
Los autos de 1900 Cars cuentan historias de amor. En su colección figuran algunos de los más emblemáticos automóviles del siglo pasado, cada uno elegido de forma muy especial, considerando tanto sus líneas como el estilo que los hace únicos.
La empresa actualmente cuenta con cinco vehículos disponibles para alquiler: el Ford A de 1929, el emblemático Ford A de 1930, el Mercedes Benz 170sd de 1953, el Mercedes Benz 190 de 1959 y el Mercedes Benz 250c de 1971.
“Todo empezó de manera espontánea, a raíz de frecuentes solicitudes que recibía mi padre para alquilar algunos autos, en especial el Ford A 1930 para bodas y eventos especiales. Este auto es muy especial, ya estuvo presente en el casamiento de mis tíos en 1989. Además, es el primer coche de la colección en el que paseábamos con mis padres y hermanas”, recuerda Hernán Glavinich.
Pasión que trasciende generaciones
La pasión por los autos clásicos no es nueva en la familia Glavinich. Desde muy pequeño, Hernán creció rodeado de motores, herramientas y fines de semana sobre ruedas, gracias a su padre coleccionista. Esa conexión temprana marcó su camino. Lo que para otros era simplemente un pasatiempo, para él fue el inicio de un proyecto que combina emoción, diseño y tradición.
Entre los modelos favoritos, Hernán confiesa una debilidad especial por los Mercedes Benz de las décadas del 50 y 60. “Sus líneas limpias, su elegancia silenciosa y su carácter atemporal hacen que cada trayecto sea más que un simple traslado. Es una postal en movimiento, una escena digna de película”, subrayó.
La experiencia 1900 Cars
El servicio que ofrece 1900 Cars va mucho más allá del alquiler de un coche. Parejas, quinceañeras, marcas y productoras recurren a ellos buscando ese plus de distinción que convierte lo común en extraordinario.
Según el tipo de evento, el coche puede llevar a la novia hasta la iglesia, formar parte de una sesión de fotografías o aparecer junto a los protagonistas en el lugar de la recepción. En cada paso, el objetivo es crear recuerdos únicos.
En el taller de 1900 Cars, un equipo de expertos cuida cada coche, puliendo detalles y asegurando que esté en perfectas condiciones tanto estéticas como mecánicas. “Trabajamos con dedicación para que todo esté a la altura de esas expectativas y contribuya a crear un recuerdo inolvidable”, afirmó Hernán.
Rumbo al futuro
Hoy, 1900 Cars está en plena expansión, restaurando nuevos modelos que muy pronto se sumarán a la colección. El futuro de esta empresa familiar se proyecta sobre ruedas, fiel a sus raíces y apostando por lo auténtico: autos con alma y una propuesta que combina pasión, historia y gran estilo.
Hace diez años, Laura Herreros y Augusta Perrella apostaron por un proyecto propio que cambiaría el rumbo de las relaciones públicas en Paraguay. Así nació LA RR, una agencia que comenzó como una idea desafiante y se consolidó en el tiempo como referente en comunicación, creatividad e innovación. Hoy, con una década recorrida, la dupla celebra aprendizajes, hitos y una filosofía de trabajo que sigue marcando diferencia.
Lo que al inicio fue un soporte para agencias de BTL y productoras, gestionando convocatorias y armando grupos de influencers en tiempos en que ese concepto recién empezaba a escucharse, pronto se convirtió en un espacio creativo con nombre y sello propios: LA RR.
“Cuando arrancamos no teníamos clientes ni una marca construida, solo muchas ganas y confianza en el proyecto. Poco a poco, con contactos, notas en blogs y constancia, fuimos generando credibilidad”, recuerda Laura Herreros, quien conversó con Level sobre esta trayectoria.
La evolución del PR
El gran salto llegó con el primer contrato de una multinacional. Ese momento obligó a profesionalizarse, a definir procesos y a trabajar con una estructura más sólida. “Ahí entendimos que teníamos que ordenarnos para poder crecer y sostenernos en el tiempo”, señala Laura.
En estos diez años, la comunicación vivió cambios profundos: la irrupción de las redes sociales, la consolidación del influencer marketing, la necesidad de un lenguaje más cercano y transparente. “El reto está en adaptarse sin resistencia. Escuchar lo que la gente espera, ser auténticos y no perder la esencia”, reflexiona.
El diferencial LA RR
Si algo caracteriza a la agencia es su enfoque boutique: cada cliente recibe atención personalizada, sin importar el tamaño de la marca. Tanto Laura como Augusta participan activamente de los proyectos, asegurando cercanía y coherencia en cada detalle. “No se trata solo de campañas, sino de construir relaciones humanas y genuinas”, resume Laura.
Puertas adentro, la agencia también se distingue por su dinámica de trabajo: reuniones quincenales, espacios de retroalimentación y prácticas como los flex Fridays, que buscan mantener al equipo motivado y creativo.
Lo que se viene
Tras una década de logros, los aprendizajes son claros: ordenar procesos desde el inicio, apostar por la presencia digital y mantener siempre la autenticidad como bandera.
Con la mirada puesta en el futuro, LA RR se proyecta hacia afuera de Paraguay, explorando alianzas y colaboraciones internacionales para potenciar su creatividad y alcance.
Diez años después, Laura Herreros y Augusta Perrella confirman que la comunicación más efectiva sigue siendo la más humana. Una filosofía que explica por qué LA RR no solo se mantiene vigente, sino que sigue marcando tendencia en el panorama de la comunicación.
En el desafiante mundo de la moda, donde la presión y la velocidad pueden devorar incluso al talento más brillante, Jonathan Anderson ha sabido no solo mantenerse, sino destacarse con una identidad sinigual. Hoy está en el punto más alto de su carrera al ser nombrado como director creativo de Dior para women’s wear, men’s wear y couture, convirtiéndose en el primer diseñador que lidera todas las divisiones de la marca luego del mismísimo Christian Dior.
Por Kate Reichardt
Al tomar las riendas de Dior, Anderson enfrentará el desafío ambicioso de diseñar alrededor de 18 colecciones al año —incluyendo aquellas para su marca homónima JW Anderson y su cápsula con UNIQLO—. El calendario es feroz, y las expectativas… aún más. Hoy me gustaría repasar su trayectoria, señalando los puntos de inflexión en su carrera que lo convirtieron en el gran diseñador que es hoy.
Nacido en Magherafelt, un pequeño pueblo de Irlanda del Norte, Jonathan William Anderson pensaba que su vocación estaba en la actuación. Se mudó a Washington D.C. para estudiar teatro, sin embargo, descubrió que lo que realmente le fascinaba no era la interpretación sobre el escenario, sino la transformación que ocurría con el vestuario. Así, comenzó un recorrido intuitivo que lo llevó de trabajar como visual merchandiser para Prada en Londres a crear, en 2008, su propia marca con apenas 24 años: JW Anderson.
Desde el primer momento, su propuesta rompió moldes. Sin pedir permiso y sin caer en las tendencias, redefinió los códigos de género en la ropa masculina con piezas de volantes, formas orgánicas y estructuras esculturales.
La revolución de Loewe
Su visión no buscaba simplemente vestir cuerpos, sino provocar. Fue esta mirada singular la que llamó la atención de LVMH que, en 2013, adquirió una participación en JW Anderson y lo colocó al frente de Loewe. En ese momento, su vida dio un giro de 180 grados.
Lo que Anderson hizo con Loewe es algo digno de admirar y analizar. En menos de una década, transformó a la histórica casa española en una potencia de deseo cultural mundial, conectándola con el arte contemporáneo, la artesanía y la experimentación. Loewe tomó un lugar firme entre las marcas más cool para los millennials y Gen Z, gracias a sus improbables pero emblemáticas colaboraciones con artistas como David Wojnarowicz o el fotógrafo Araki, las campañas con Maggie Smith o la dirección artística detrás de vestuarios inolvidables como el de Rihanna en el Super Bowl y Beyoncé en su gira Renaissance. Loewe se convirtió así en una marca que respira actualidad y cruda autenticidad.
Su marca homónima: JW Anderson
En paralelo a su trabajo con Loewe, JW Anderson siguió mutando con cada temporada, manteniendo su ADN subversivo e intelectual. Uno de los momentos más virales de la marca se dio durante la pandemia cuando las pasarelas se detuvieron. En lugar de transmitir desfiles virtuales, envió “fashion shows en caja” a editores y amigos: sobres con recortes, telas, flores prensadas y cartas manuscritas. Un gesto íntimo y poético que puso una vez más al diseñador en boca de todos, no por el espectáculo, sino por el sentido.
Esa sensibilidad es su gran firma: detrás de cada colección hay una narrativa, una razón de ser. Sus piezas siempre tienen un porqué.
Democratizando la moda
Sus colaboraciones comerciales también han dejado huella y se distribuyen a nivel global. Desde las populares colecciones cápsula de JW Anderson con UNIQLO hasta piezas creadas para Converse, Swarovski o Topshop, Jonathan ha logrado democratizar la moda sin perder su esencia ni comprometer su prestigio.
Sus propuestas más accesibles tuvieron un efecto poderoso, permitiendo que seguidores que no pueden acceder a sus diseños de alta gama disfruten de una prenda concebida por él. En 2023, su influencia creció al encargarse del vestuario de películas como Challengers, consolidando su rol como creador transversal entre moda, cine y cultura visual.
La industria lo reconoce como una figura prominente de la moda: ha sido nombrado Diseñador del Año en los Fashion Awards, figura destacada del CFDA, e incluido en la lista TIME 100 de las personas más influyentes del mundo. Y, sin embargo, su actitud sigue siendo la de alguien humilde que duda, observa y cuestiona. Un creativo que nunca se da por satisfecho.
Dior menswear debut
Hoy, el diseñador se encuentra en uno de los momentos que marcarán su carrera, asumiendo uno de los retos más desafiantes al frente de Dior. Heredar una casa con tanta historia —donde la feminidad ha sido cuidadosamente esculpida por Christian Dior, John Galliano o Maria Grazia Chiuri— no es tarea sencilla. Pero si alguien puede redibujar su silueta desde un lugar radical, auténtico y actual, es Jonathan Anderson.
Su debut, que tuvo lugar el junio pasado en París, fue una declaración de intenciones. “Es el punto de partida”, dijo Anderson antes del show, “establecer un lenguaje, una sensibilidad, un estado de ánimo”.
El primer look fue el más impactante: unos cargo shorts confeccionados con 15 metros de drill de algodón plisado, que hizo referencia a los pliegues de un vestido Dior de alta costura, combinados con un blazer de tweed Donegal, versión masculina del clásico Bar jacket de la maison.
Desde el principio, Anderson propone un nuevo código masculino donde la formalidad, la historia y la materia dialogan con un presente descontracturado pero lleno de intención. Su reinterpretación de los chalecos de seda del siglo XVIII es ahora emparejada con jeans y sneakers, dando lugar a una estética que definió como “sleazy downtown dandy”.
Todo el desfile fue una colisión medida entre la opulencia histórica y el estilo personal contemporáneo de Anderson.
Por eso, más que una promesa, Jonathan ya es considerado como uno de los grandes autores del lujo contemporáneo, donde reina la autenticidad, la nostalgia y el sello personal por encima de las tendencias.
Clara Forno es una de esas personas cuya energía y pasión dejan huella. Diseñadora de indumentaria de formación, con un MBA y estudios de Management en NYU, pasó 13 años en Rapsodia liderando el producto y la dirección de marca. Su rol la llevó a viajar por el mundo, buscando tesoros, conectando con culturas y personas que transformaban materia prima en piezas únicas con sus propias manos.
Amante de Asia, de sus creencias, su gente y su cultura, Clara siempre tuvo una mirada sensible pero también comercial del diseño. Con una gran capacidad para liderar equipos y una curiosidad que no descansa, su trayectoria combina estrategia, intuición y mucha conexión humana.
Después de vivir en Singapur y Madrid, acaba de regresar a Buenos Aires con una nueva misión: expandir Ikigai, su proyecto más personal, por Sudamérica, conectar con más mujeres y seguir construyendo una comunidad en torno al propósito.
IKIGAI: MÁS QUE UNA MARCA
Ikigai nació de una pregunta que a simple vista parece sencilla: ¿Por qué compramos lo que compramos?
A partir de ahí, Clara comenzó a pensar en una forma distinta de consumir: más emocional, más consciente, más significativa.
Inspirada por su conexión con Oriente, decidió crear un puente entre mundos. Así llegó al universo de las piedras y su energía transformadora. Lo que empezó como una búsqueda personal, se convirtió en una marca que hoy une a mujeres de diferentes países a través de objetos con historia.
Ikigai no es solo una pieza o una joya. Es una invitación a pausar, a sentir, a elegir con el corazón. Es una comunidad de mujeres que encuentran valor en lo auténtico, lo simbólico y lo bello.
¿POR QUÉ «IKIGAI»?
“Ikigai” es una palabra japonesa que significa “la razón de ser”. Representa ese cruce perfecto entre lo que amás, lo que sabés hacer, lo que el mundo necesita y aquello por lo que podés recibir algo a cambio.
Para Clara, Ikigai no solo es el nombre de una marca, sino una forma de vivir, de vincularse con los demás, y también consigo misma. Una marca con alma, que busca inspirar a otras mujeres a preguntarse qué les da sentido y las hace levantarse cada mañana con una sonrisa.
UN CAMINO MÁGICO
Clara define este recorrido como mágico. Desde su inicio, Ikigai fue coherente con su idea original: crear algo con profundidad, que emocione. Día a día, la marca la conecta con mujeres de todo el mundo, en una red que crece y se fortalece.
“Me enseñó la importancia de frenar, escuchar y estar presente. Sentir que lo que hacemos puede sacarle una sonrisa a alguien ya lo vale todo”, confiesa.
Ikigai es hoy una marca que trasciende lo material. Desde la primera conversación hasta el momento en que una caja cuidadosamente preparada llega a su destino, todo está pensado para hacer de la experiencia algo especial.
LO QUE VIENE
Ikigai está creciendo. Y con Clara de vuelta en Argentina, el plan es claro: llegar a más mujeres, expandir la comunidad y seguir creando con sentido.
Este proyecto, que comenzó como una búsqueda interna, hoy se convirtió en una propuesta que transforma el vínculo entre las personas, los objetos y las emociones.
Porque Ikigai no es solo una marca: es un propósito que se comparte.
Hace un año, Joaquina Gómez apostó por una idea que venía madurando en silencio: crear una agencia de PR con su sello, una que uniera estrategia, creatividad y cercanía real. Así nació Linker, y hoy, a doce meses de ese primer paso, la agencia celebra su primer aniversario con una identidad clara y una comunidad que crece con fuerza.
La idea tomó fuerza después de una reunión con una marca. Joaquina salió de ese encuentro con una certeza: si ya estaba liderando proyectos sola, era hora de darles estructura propia. Ese fue el punto de inflexión.
UNA NUEVA MANERA DE HACER PR
Linker se define como una agencia gen Z: actual, desafiante, humana. Una que entiende que el storytelling con propósito puede generar impacto real. “Somos estrategia, sí, pero también somos corazón. Y eso se nota”, dice su fundadora.
El diferencial de Linker está en su energía: campañas con alma, ideas con personalidad, y relaciones construidas desde lo humano, tanto con marcas como con medios, talentos e influencers.
Con un ADN creativo libre y desafiante, Linker apuesta por ideas que salgan del molde, pero siempre con estrategia detrás. “No hacemos creatividad vacía. Todo lo que proponemos tiene un por qué”, afirma Joaquina. Esa combinación de frescura e inteligencia es lo que fue marcando el rumbo.
EL EQUIPO COMO MOTOR
La cultura de Linker se basa en tres pilares: confianza, compromiso y autonomía. “Me importa que cada persona sienta que es parte de algo y que sus ideas valen. En Linker amamos lo que hacemos, y buscamos gente que ame lo que hacemos”, explica.
Este primer año fue de siembra, de construir bases sólidas. Ahora llega el momento de crecer. La agencia prepara nuevos servicios vinculados al BTL y activaciones creativas, y también comenzará a generar contenido propio desde su visión como agencia.
“Queremos que Linker hable con su voz, que sea también una fuente para otros profesionales del marketing y la comunicación”, adelanta Joaquina.
UN AÑO, MUCHOS APRENDIZAJES
El balance es positivo. “Me emociona ver al equipo que se va formando, las marcas que confiaron, y saber que esto recién empieza”, dice. Y si pudiera volver al inicio, solo cambiaría una cosa: animarse antes.
Linker cumple un año mirando hacia atrás con gratitud, pero sobre todo hacia adelante con entusiasmo. Porque cuando hay una visión clara, una comunidad que acompaña y una buena historia por contar, el camino recién empieza.