La Asociación Industrial de Confeccionistas del Paraguay (AICP) realiza la segunda edición de la Feria de la Moda Nacional este sábado 5 y domingo 6 de agosto en el Hotel Dazzler de Asunción desde las 10:30.
El evento reunirá a los exponentes del diseño nacional y a los principales proveedores de servicios de la industria. Durante el evento habrá desfiles, asesorías de moda, interacción con diseñadores y fashionistas, y venta al público de todo tipo de diseños, además de diversas atracciones, como la demostración de bordado en vivo de calzados que realizará Olinda Shoes.
Asimismo, las marcas Vest Company y ColorDex Paraguay realizarán el proceso de serigrafía en prendas. Habrá colecciones de joyas en filigrana, carteras, calzados, ropa de baño como bikinis, vestidos de novia, indumentaria deportiva, prendas para ocasiones especiales y prêt-á-porter.
Participarán de la mayor Feria de la Moda Nacional los diseñadores Jork Aveiro, Rosmary Apodaca, Rebeca Rodríguez, Karen Daher, Ismenia Rodríguez, Astrid Poletti, Marysel Paniagua para la marca Aki y Fio Galli para Fio Joyas.
También estarán presentes pymes del medio, como Aravore, Maura Marti, Mina Rivas, Maternity, Olinda Shoes, HTK, Mariza Toffoletti, El Noble Escarpín, Serviano, Narella, American Door, By Vago’s, Dulce Violeta Bikinis, Mandyju, Georgette Atelier, La Casa del Médico y la Enfermera, Brigit Reminiscencias de la Moda Antigua y Kalez.
Los organizadores de Paladar, la feria que busca ser una radiografía anual de la escena gastronómica paraguaya y que reunió a más de 13 000 personas en el 2016, anunciaron que este año el evento se realizará los días viernes 1, sábado 2 y domingo 3 de septiembre en el Centro de Convenciones Mariscal López, de 12:00 a 00:00.
Desde la producción del evento, informaron que este año Paladar tendrá como embajadores a cuatro productos paraguayos: la carne, la caña, la mandioca y la yerba mate, motivo por el cual los conversatorios girarán en torno a estos ingredientes.
Hasta la fecha, ya está confirmada la presencia de más de 30 restaurantes que ofrecerán platos y bebidas, mientras diferentes empresas del rubro expondrán sus productos. Asimismo, habrá diferentes actividades como lanzamientos, charlas, clases de cocina y talleres para niños.
Las entradas tendrán un costo de Gs. 20 000, mientras los platos que ofrecerán los restaurantes rondará entre Gs. 5000 y 35 000.
Trabajan por aquello que creen, transforman realidades es inspiran, siempre con un ingrediente fundamental: la pasión. Hombres de grandes ideas y grandes sueños, que se arriesgan y se entregan al 100 % a lo que hacen. Estos son nuestros elegidos.
Por Gisselle Jara | Fotografía de Gloria Ferrés
Después de 10 años de la creación del grupo musical Kchiporros, el vocalista Roberto Ruiz Díaz, Chirola, lleva adelante numerosos proyectos que van desde el rock hasta el folclore, generando una nueva comunidad artística que revaloriza nuestras costumbres y nos une en torno a la música.
¿Cómo empezaste en el mundo de la música?
Siempre me gustó, desde chico. En casa se escuchaba mucha música y había vinilos, escuchábamos a los Beatles. Con Kchiporros empezamos hace diez años, pero mucho antes ya tenía ganas de escribir canciones y transmitir emociones a través de esta expresión.
¿Estudiaste música? Hablanos de tu carrera.
Es una mezcla, me formé con diferentes profesores o mentores en diversas etapas, algunos fueron más técnicos y otros me ayudaron a cultivar lo intangible, como la sensibilidad artística, la poesía, la forma de expresión; todo eso me sirvió igual o más que el estudio de armonía u otros recursos técnicos.
¿Qué géneros musicales escuchabas en tu adolescencia?
Muchos, como ahora, desde rock latino, reggae y ska jamaiquino hasta muchos artistas como Manu Chao, Mano Negra y toda esa corriente de world music que empezó hace un buen tiempo. Desde muy temprano empecé a pensar en cómo romper con lo establecido. A nivel personal tengo una conexión muy fuerte con la simplicidad de Manu Chao.
¿Cuál es la importancia de la música en tu vida?
Es complicado (risas), porque siempre está presente, hasta cuando no estoy haciendo música. No soy un obsesivo hasta el punto de estar todo el día encerrado en el estudio, pero, en la vida cotidiana, viajando o leyendo un libro, viendo una película o en cosas que no tienen nada que ver con la música, sí. Por ejemplo, la música está presente cuando se generan ideas, cuando se me ocurren frases y las guardo o melodías que me vienen cuando estoy manejando, es mi hobby, mi pasión, mi motor y mi condena. Es algo que envuelve todo.
¿Cómo definirías tu estilo musical?
Ya no se puede encasillar, estoy en varios proyectos. Además de Kchiporros, estoy en La de Roberto, produzco discos, tengo canciones de coautoría que van desde el rock hasta el folclore. Mi oficio es el de ser fabricante de canciones, eso es algo muy especial que escapa a cualquier género.
Contanos sobre los diferentes proyectos.
Estamos con nuestra productora 4Kcho donde creamos una gran comunidad artística, allí están integrados varios proyectos musicales como la editorial, el sello discográfico, la productora de shows, Kchiporros, la de Roberto y otras bandas que están creciendo para generar arte. Por otro lado, estamos desarrollando el disco nuevo de Kchiporros, que espero salga a fin de año.
Además, siempre te vemos ayudando en campañas sociales.
Siempre estamos metidos en cuestiones sociales, ayudando en campañas medioambientales. Por ejemplo, hacemos conciertos a beneficio como el de la Fundación Dequení junto a la Orquesta Sinfónica Nacional del Paraguay y Berta Rojas.
Zaldívar es una firma de joyería manufacturada en Paraguay que maravilló al público desde su lanzamiento en París en enero del 2017 y su posterior presentación en Asunción, durante la inauguración de la tienda Bardot a finales de mayo pasado. Conversamos con su director creativo, José Zaldívar, para conocer más sobre el bello mundo de la marca.
Por Patricia Luján Arévalos
José Zaldívar, director creativo de la marca.
Zaldívar nació como una unidad de negocios de la agencia creativa J10, propiedad de José Zaldívar y Jean-Baptiste Messié, localizada en París. “Hacemos arquitectura de marca, principalmente para empresas de lujo y de nicho. nos encargamos de la narrativa visual de diferentes firmas”, explica José.
Desde enero, la firma vende su primera colección, denominada Corpa, en París y, además, sus joyas pueden ser adquiridas en el International Carlton Hotel de Cannes (Francia). Si bien José y Jean-Babtiste trabajan juntos en todos los proyectos de J10, Zaldívar cuenta con la dirección creativa exclusiva de José, quien se sirvió de oro verde de 18 quilates, esmeraldas colombianas y mano de obra paraguaya para contar una historia.
Corpa
José Zaldívar es máster en Estrategia de Lujo, una especialización que realizó en París, ciudad donde vive desde hace años. En la universidad aprendió a valorar un aspecto en el que cree profundamente: la responsabilidad social como cimiento de una marca y no como una tarea adjunta o una estrategia de marketing. “La meta no es crear una fundación de ayuda, sino una empresa con todos sus elementos”, explica. Y esta idea, tan profundamente arraigada, es una de las bases de Zaldívar.
Para su primera colección, José buscó utilizar solamente esmeraldas pequeñas como una oportunidad para contar algo que no mucha gente sabe. “Como inversión, la gente piensa que las esmeraldas valen menos, pero tienen un valor que no se sabe”, dice el creador. “Todas las piedras de menos de 1 quilate forman parte del salario de los mineros: el dueño de la mina paga un sueldo a cada uno, y además, el minero se queda con todas las piedras extraídas menores a 1 quilate”.
Así, el valor económico de estas esmeraldas es relativamente menor, pero ayudan más. “Además de tener un objeto valioso, de excelente calidad, que durará más que nuestras vidas, estás contribuyendo a la sociedad”, explica el diseñador.
Su punto de partida a la hora de imaginar su primera colección fue un análisis sobre el fetichismo de la sociedad, hoy más que nunca ayudada por las redes sociales. “Tenés muchos seguidores con los que a lo mejor nunca compartiste nada, pero que creen que tienen una idea de quién sos”, explica.
“Mi idea era jugar con el concepto contrario y personificar un objeto”, dice el diseñador. “Enlisté todos esos atributos a través de los cuales nos valoramos: la forma y tamaño de los ojos, los pómulos, la mandíbula, los labios, el cuerpo y la edad, por sobre todas las cosas”. Corpa es una serie de objetos personificados con características socialmente “deseables”, delineadas y resaltadas para dar énfasis al concepto.
A su vez, estos atributos se dibujan con piedras y metales preciosos que sobrevivirán al paso del tiempo de una forma que ninguna persona puede igualar. Corpa es una reflexión sobre la mortalidad, sobre la inmutabilidad de las leyes naturales y la irrevocable finitud del ser humano.
La valoración de los atributos superficiales sirvió de motor para José Zaldívar en el momento en que decidió dar continuidad a la veta creativa que demostró a lo largo de toda su vida, dibujando y contemplando arte. Esta colección es, también, una muestra de introspección, probablemente una meditación sobre sí mismo y su amor por la belleza, en el sentido más literal y también en el más efímero de la expresión.
El fuerte de Paraguay
Aunque la meta de José no es producir únicamente en Paraguay, eligió empezar a manufacturar sus joyas acá porque supo reconocer el valor de la producción a pequeña escala. “Nuestro país es idóneo para esto, pues permite tener atelieres para producir prototipos, colecciones cápsula y ediciones limitadas”, explica
José habla de una realidad innegable para el país: “Hay mano de obra especializada que está en riesgo de perderse porque el mercado local no está interesado en ella. Esto no es una crítica, los mercados son como son, y hoy, gracias a la globalización, existe la posibilidad de encontrar a ese consumidor en algún lugar del mundo para lo que uno produce”.
El creativo explica que, en lugar de tratar de crear nuevos hábitos de consumo y conciencia en poblaciones enteras, lo mejor es contribuir a mantener la excelencia de ciertos procesos que se pierden por falta de consumo, para poder exportarlos.
En este sentido, algunas piezas de Corpa fueron realizadas con filigrana, aunque muchas personas no reconozcan la técnica a simple vista. Los diseños de José hicieron muestran la versatilidad de los artesanos y, al mismo tiempo, ofrecen al público una forma diferente de utilizar la orfebrería tradicional.
Para poder alcanzar el resultado deseado, José hace una combinación de técnicas tradicionales de la joyería con la tecnología: “El diseño que debería hacerse con moldes, pero ya no hay quien haga, es enviado a Estados Unidos para impresión en 3D. Cuando llega acá, se saca el molde metálico y a partir de ahí empieza el trabajo manual”.
Desde ahora, también en Asunción
Si bien, en un principio, las joyas solo se vendían en París y a través de su página web, José y Jean-Baptiste captaron el interés de Emma Viedma, diseñadora y propietaria de la tienda de accesorios de alta gama Bardot, quien quiso empezar a vender Zaldívar en Paraguay.
La colección cápsula que está disponible actualmente en esta tienda, titulada Meta-Forestal, combina oro de 14 quilates, oro amarillo de 18 quilates, piedras semipreciosas y antigüedades. Meta-Forestal es de edición limitada y la primera campaña de Zaldívar que puede adquirirse en Asunción.
Trabajan por aquello que creen, transforman realidades es inspiran, siempre con un ingrediente fundamental: la pasión. Hombres de grandes ideas y grandes sueños, que se arriesgan y se entregan al 100 % a lo que hacen. Estos son nuestros elegidos.
Por Patricia Luján Arévalos |Fotografía de Gloria Ferrés
Sergio Ruggeri tiene 44 años y haber nacido en una familia de arquitectos realmente creó en él un amor por lo que después sería su profesión. su manera de ver los espacios y la responsabilidad que siente por aportar continuamente a nuestra sociedad lo convierten en un indiscutible elegido Level.
¿Qué es la arquitectura para vos?
Es lo que hago y lo que me sale mejor, es la forma en la cual creo y cómo pienso que puedo aportar a la construcción de la sociedad. Es donde pongo toda mi energía.
Para un arquitecto, ¿cómo es vivir en Asunción?
Es complejo, pero también interesante. Asunción tiene mucho potencial para ser hermosa. Es paradójico; mucha gente que viene de afuera la ve bien y nosotros, no la vemos así. Creo que está pendiente, como condición cultural, una atención por lo público. La vida en Asunción se hace a partir de espacios privados, salvo algunas excepciones. No hay un lugar donde la gente, de cualquier estrato social, pueda conocerse, donde chicos jueguen a la pelota como hace 50 años pasaba en el parque Caballero.
¿A qué se debe dar prioridad a la hora de diseñar un nuevo proyecto, el fondo o la forma?
Cada proyecto es una oportunidad distinta y representa un problema distinto. Cada uno tiene una necesidad específica. La mirada que defendemos es que la arquitectura tiene que contemplar el equilibrio de todas las cuestiones: en un mundo como el de hoy, donde no hay recursos ilimitados, la economía es fundamental, y también la estética es necesaria como sentido de reconocimiento.
En definitiva, lo que el arquitecto hace cuando se forma y cuando proyecta es tomar decisiones sobre con qué trabajar. Creo que cada proyecto debe ser funcional, debe costar lo menos posible, debe estar en equilibrio con su contexto y debe contar la historia del lugar donde está. todo es importante.
¿Cuáles son tus últimos trabajos?
El proyecto que me tiene más emocionado, porque está mi familia de por medio, es la escuela de mi hijo. Estamos terminando, con un gran amigo mío, el Arq. José Cubilla, y con mi señora, Desiré Dumot, el proyecto del Colegio CDI, una institución que está apostando por una nueva forma de educación y a partir de eso, a nuevos espacios. Nos pidieron que plasmemos sus ideas en edificios, los chicos trabajan en espacios abiertos, como coworking.
Fue un trabajo que requirió mucha reflexión, pues lo que estamos haciendo, será habitado por nuestros hijos, van a generar sus espacios de juego, de sueño, de su propia reflexión. Fue lo más estimulante que nos pudo haber pasado. Aparte de eso, estamos haciendo el nuevo edificio de la Conferencia Episcopal dentro del complejo del Seminario.
¿Dónde cae la arquitectura dentro de las múltiples ramas del arte?
Los tiempos modernos nos enseñaron que el arte es casi una mirada personal. Si podemos maravillarnos con los edificios, si reconocemos ciertos lugares como extraordinarios, quiere decir que la arquitectura es un arte. La condición de arte está en la arquitectura cuando, haciendo síntesis de todas sus cuestiones funcionales, estructurales y materiales, la estructura puede contar algo más. En ese momento, trasciende su rol estructural y puede llegar a producir un grado de sublimación.