Las travesías de Boesmi

Las travesías de Boesmi

Sebastián Boesmi ha construido una trayectoria marcada por el movimiento, la experimentación y una búsqueda permanente de nuevos lenguajes. Nueva York, París, Barcelona, Berlín, Johannesburgo, Ámsterdam, Miami y Madrid han dejado huellas en una obra que, sin desprenderse de sus raíces paraguayas, se nutre del encuentro con otras culturas, paisajes y maneras de entender el mundo.

Pintura, dibujo, escultura, instalación, video y nuevas tecnologías conviven en una práctica atravesada por la transformación. En esta conversación con Level, Boesmi recorre los lugares y experiencias que moldearon su mirada y reflexiona sobre identidad, pertenencia, libertad y creación.

 

¿Qué lugar ocupa Paraguay en tu formación personal y en la construcción de tu imaginario artístico?

Llegué a Asunción desde Salta cuando era un niño muy pequeño y aquel viaje fue el más significativo. Fue en Paraguay donde construí mis vínculos más fuertes, mi mirada sobre el mundo y mis primeras referencias con el arte y los artistas locales. También donde me formé en la Universidad Nacional de Asunción con Olga Blinder y otros artistas-docentes, y donde tuve mis primeras experiencias exponiendo.

Hoy, después de una larga travesía por el mundo, me resulta imposible separar mi obra de ese territorio físico y emocional. Paraguay está presente incluso cuando no aparece de manera evidente: en la memoria, en determinados colores, en mi relación con la naturaleza y en una manera particular de observar y construir imágenes y narrativas.

TU TRAYECTORIA ESTÁ MARCADA POR EL MOVIMIENTO. ¿CUÁNDO VIAJAR DEJÓ DE SER SOLAMENTE UNA EXPERIENCIA PERSONAL Y PASÓ A FORMAR PARTE DE TU LENGUAJE ARTÍSTICO?

Fue algo progresivo. Viajar comenzó a convertirse en parte de mi lenguaje cuando desplazarme dejó de significar únicamente cambiar de lugar y pasó a modificar el sistema desde el cual observaba.

Las residencias artísticas y los reconocimientos que recibí posibilitaron gran parte de esos desplazamientos. Viajar terminó transformándose en una metodología y me dio una cualidad excepcional como persona y creador: la capacidad de adaptarme a lo nuevo.

Hay una correspondencia entre mi biografía y la estructura de mi obra; ambas están atravesadas por la circulación, la transformación y la necesidad de no permanecer demasiado tiempo dentro de una única definición.

EN TU OBRA CONVIVEN DISTINTAS DISCIPLINAS. ¿ESA DIVERSIDAD DE LENGUAJES NACIÓ TAMBIÉN DE HABER VIVIDO EN TANTOS CONTEXTOS DIFERENTES?

Sí. Los viajes ampliaron enormemente mis posibilidades y me enfrentaron a otras formas de pensar y producir arte, pero esa diversidad también tiene mucho que ver con mi personalidad y con una necesidad de movimiento que existe en mí desde antes de ser artista.

La pintura sigue siendo un núcleo fundamental de mi práctica, pero alrededor de ella aparecen el dibujo, la escultura, el video o las nuevas tecnologías cuando una idea necesita otro lenguaje para desarrollarse.

Los viajes simplemente amplificaron algo que ya estaba en mí: la necesidad de moverme, descubrir y no permanecer demasiado tiempo dentro de una única forma de hacer o entender el mundo.

¿QUÉ SIGNIFICA PARA VOS LA PALABRA PERTENENCIA?

Soy un artista internacional pero principalmente soy un artista paraguayo. Vengo de ahí y esa pertenencia no se modifica por los lugares que haya habitado después. Al contrario, todos esos desplazamientos fueron ampliando y complejizando mi identidad.

Mi territorio de pertenencia se construye hoy en un espacio intermedio entre lugares, culturas y experiencias; un territorio que ya no es solamente geográfico, sino también emocional y creativo.

¿CUÁNDO SENTISTE QUE HABÍAS ENCONTRADO UNA VOZ VERDADERAMENTE PROPIA?

Encontré mi voz personal cuando realicé mi primera exposición individual en Casa Mayor, con la curaduría de Carlos Sosa. No quise hacer una muestra individual hasta sentir que mi lenguaje estaba realmente articulado y respondía a una frecuencia muy personal.

En mi obra hay elementos que funcionan como una especie de mapa. El principal es la imaginación. Construyo mis imágenes desde la incertidumbre y no desde la certeza; necesito imaginar para orientarme en aquello que todavía no comprendo.

También está mi relación con el color y los elementos gráficos. Siempre digo que soy un artista que pinta dibujando, porque la línea, el gesto y la estructura gráfica están presentes incluso cuando trabajo desde la pintura.

Las imágenes se desplazan de un medio a otro y adquieren nuevas posibilidades. Mi lenguaje no se define solamente por una estética, sino por una manera muy personal de trabajar y observar.

¿QUÉ ES EL ARTE PARA VOS?

No existe una única definición. Para mí, el arte es salirse con la suya. Con las ideas y con la materia, en un lienzo y en la vida. Tener la libertad de hacer y mirar donde uno quiere. Sin esa libertad, para mí, no hay arte.

Y salirse con la suya lo digo en un sentido muy amplio, incluso cercano a la naturaleza; ella también se abre camino, crece donde todo parece imposible y, de alguna manera, consigue existir.

Para mí, el arte tiene algo de ese impulso. Es hacer posible aquello que parecía improbable, hacerse preguntas y desplazar cosas e ideas de sus lugares habituales.

Es una forma de alquimia: tomar algo que ya existe —un objeto, un material, una imagen, una idea— y transformarlo hasta encontrar otra posibilidad.

Quiero que mis obras transmitan la alegría de vivir, el placer de crear, la libertad de imaginar y la capacidad de conservar una sonrisa incluso frente a un horizonte incierto. En ese sentido, crear también es una forma de resistencia.

“África amplió profundamente mi manera de observar. Berlín fue la experiencia más radical en términos de libertad, pero también me dio estructura y disciplina. Barcelona me aproximó a una relación más abierta entre arte, diseño, arquitectura y cultura urbana. París me enfrentó con la profundidad histórica del arte y con la conciencia de que cualquier gesto contemporáneo dialoga con una historia; y Nueva York amplió mi idea de lo que podía llegar a ser un artista contemporáneo”.

H&M: MODA, CREATIVIDAD Y FUTURO HOY EN PARAGUAY

H&M: MODA, CREATIVIDAD Y FUTURO HOY EN PARAGUAY

La expectativa por la llegada de H&M a Paraguay creció durante semanas hasta convertirse en una celebración que reunió moda, música, referentes locales y cientos de clientes. Con dos tiendas abiertas en pocas semanas —en el Paseo La Galería y Distrito Perseverancia—, H&M inicia oficialmente su historia en el país y abre una conversación sobre cómo democratizar la moda, cómo diseñar para el mundo de hoy y cómo construir una industria más consciente.

Para conocer de cerca qué hay detrás de este desembarco, tuve la oportunidad de viajar a Santiago de Chile, donde se encuentran las oficinas centrales que acompañan la operación de Chile, Perú, Uruguay y ahora Paraguay. Allí conversé con algunos de los ejecutivos que lideran la compañía, explorando las colecciones y adentrándome en una cultura empresarial que pone a la inclusión y a las personas en el centro.

“Para nosotros, cada vez que abrimos un nuevo mercado lo hacemos con la visión de construir un vínculo a largo plazo”, cuenta en exclusiva para Level Anna Barigazzi, General Manager de H&M para Chile, Perú, Uruguay y Paraguay.

Para la ejecutiva, Paraguay representa un gran potencial: es un territorio por descubrir y, al mismo tiempo, una oportunidad para conocer de cerca a una nueva comunidad de consumidores.

La respuesta local estuvo a la altura de la expectativa. La noche previa a la apertura en Paseo La Galería, la primera persona llegó a la fila a las diez de la noche. Para la mañana siguiente, 375 personas esperaban la apertura de las puertas. Días antes, más de 355 invitados habían participado del evento VIP que inauguró las celebraciones, entre ellos referentes de la moda, celebridades y creadores de contenido.

“Estamos igual de entusiasmados que los consumidores paraguayos”, añade Barigazzi.

Paraguay desde una mirada global

Barigazzi describe al consumidor paraguayo como entusiasta, fashionable, informado y atento a las tendencias globales. Pero encuentra, sobre todo, una búsqueda que coincide con la propia propuesta de H&M: el equilibrio entre moda y accesibilidad.

“El perfil del paraguayo es una gran combinación para nosotros y encaja perfectamente con nuestra idea de negocio”, explica.

Esa visión se resume en ofrecer moda, calidad y precio de una manera consciente.

La cultura interna pone especial énfasis en creer en las personas y en generar oportunidades de crecimiento. La propia historia de Barigazzi es un ejemplo: comenzó su carrera en H&M hace veinte años, en Italia, como asesora de ventas.

Desde allí pasó por diferentes posiciones de management, recursos humanos, operaciones y ventas alrededor del mundo, hasta llegar a Latinoamérica hace aproximadamente un año y medio.

“Estoy extremadamente feliz y agradecida por la oportunidad de estar aquí y contribuir a la fuerte creencia de la compañía en el potencial de esta región”.

La mirada global no significa ignorar las particularidades de cada lugar. H&M busca inspiración en diferentes partes del mundo y en distintas perspectivas.

Barigazzi menciona como ejemplo reciente la colaboración con la diseñadora mexicana Lorena Saravia, que incorpora una fuerte relevancia local, así como la campaña global H&M&RIO, filmada y producida completamente en Río de Janeiro, como otra forma de abrazar la diversidad.

Y la apuesta por Paraguay es concreta. La decisión de abrir dos tiendas en un mismo mes responde, según Barigazzi, al deseo de acompañar el entusiasmo inicial y llegar a diferentes zonas de influencia de Asunción.

“Nuestro foco principal ahora es entrar al mercado y poder cumplir con las expectativas de los clientes”.

 

El arte de diseñar para muchos

Si Barigazzi habla de territorio y expansión, Ann-Sofie Johansson, Creative Advisor and Head of Design for Womenswear, habla desde el lugar donde comienza todo: la moda.

“El corazón de H&M está en nuestra idea de ofrecer moda y calidad al mejor precio, de manera sostenible”, explica.

Para ella, la combinación de estos pilares es precisamente lo que define ese sweet spot de la marca: liberar la moda para muchos.

El desafío consiste en encontrar el equilibrio entre las tendencias de temporada y los esenciales que permanecen, construyendo una oferta amplia, pero con identidad propia.

La anticipación es parte fundamental del proceso. Mientras una colección está llegando a las tiendas, los equipos de foresight y fashion intelligence ya están investigando las direcciones que podrían definir temporadas futuras.

Pero mirar hacia adelante no significa perseguir cada tendencia. H&M busca construir una estética reconocible, pensada con cierta longevidad y capaz de moverse entre tendencias actuales, piezas esenciales, cápsulas, lanzamientos de H&M Studio y colaboraciones con diseñadores.

“Los clientes buscan moda que los defina, que puedan usar durante mucho tiempo y mezclar con lo que ya tienen en su guardarropa”, explica Johansson.

Incluso lo nuevo encuentra su lugar junto a piezas vintage. La idea es construir una identidad propia a través de aquello que elegimos vestir.

La herramienta interna de inteligencia artificial StyleGen permite a los diseñadores probar combinaciones de colores, estampados, cortes y diferentes versiones de una prenda.

Pero Johansson es clara: “La IA es una herramienta excelente, pero no reemplaza la creatividad del ser humano”.

Diseñando el futuro

¿Qué sucede cuando hacer moda implica también hacerse responsable de su impacto?

Para Marcus Hartmann, Head of Sustainability Operations de H&M Group, la respuesta no puede limitarse a una colección o a una campaña.

“Estamos trabajando en la sostenibilidad de nuestro negocio desde hace 30 años”, explica.

Pero el compromiso continúa evolucionando para integrarse en cada fase del proceso y de la cadena de suministro.

Su estrategia se apoya en tres grandes ambiciones: reducir emisiones, el uso de materiales vírgenes y el agua; empoderar a personas y comunidades mediante avances en derechos humanos y condiciones sociales; y utilizar la escala, creatividad y alianzas de H&M para impulsar cambios dentro de la industria.

Los materiales son una pieza fundamental de esa transformación. Desde 2020, H&M utiliza únicamente algodón de origen sostenible y trabaja para reducir su dependencia de materiales sintéticos vírgenes provenientes de combustibles fósiles.

Paralelamente, la compañía invierte en nuevas alternativas, infraestructura de reciclaje y procesos que permitan extender la vida útil de las prendas.

H&M llega a Paraguay con la energía de un comienzo, pero también con la experiencia de una compañía que mira mucho más allá de lo comercial. Una marca que busca hacer de la moda un espacio más accesible, diverso y consciente, mientras invita a cada persona a encontrar su propia manera de llevarla.

“Para nosotros, cada vez que abrimos un nuevo mercado lo hacemos con la visión de construir un vínculo a largo plazo”.

Anna Barigazzi,
General Manager de H&M para Chile, Perú, Uruguay y Paraguay.

Lucy Yegros: Areté

Lucy Yegros: Areté

Hay personas que dejan huella y artistas que convierten su propia vida en una obra. Lucy Yegros es creadora visual, exploradora de materiales, coleccionista de historias y mujer de una curiosidad inagotable que construyó durante décadas un universo propio donde conviven la pintura, las fibras, la cerámica, los objetos encontrados, la joyería, la literatura, la naturaleza y una profunda conexión con sus raíces.

Para esta portada, nos recibió en su casa de Asunción, donde arte y vida parecen ser una misma cosa. Allí, entre recuerdos, carrulim, mbeju, risas y obras que aparecen en cada rincón, descubrimos a la mujer detrás de una trayectoria extraordinaria.

SU IDENTIDAD, SU FIRMA

Antes de hablar de arte, Lucy nos recibió con un regalo. Una pequeña “semilla de la suerte”, nos dijo, acompañada de unas palabras de aliento que se sintieron casi como una bendición.

Ese gesto marcó el comienzo de un día que terminaría siendo mucho más que una producción de fotos y una entrevista. Yo ya admiraba a Lucy Yegros desde lejos, como se admira a esas figuras que forman parte de la historia cultural de un país. Pero conocerla de cerca fue otra cosa. En unas pocas horas apareció una mujer cálida, divertida, generosa y, sobre todo, muy auténtica.

Mientras se maquillaba, comenzó a contarnos sobre todo lo que había creado a su alrededor. Su casa es, en sí misma, una obra de arte. Hay objetos, pinturas, materiales, recuerdos y pequeñas intervenciones por todas partes. Nada parece estar ahí porque sí. Hasta una caja de iPad puede convertirse en un pequeño cuadro.

Lucy mira el mundo de esa manera: encuentra algo y lo transforma. La prueba estaba también en lo que llevaba puesto. Unos aros hechos por ella y un anillo realizado a partir de una peineta de su abuela. Con esa humildad tan característica, me preguntó si quería que se pusiera uno de sus aros: “Este lo hice yo nomás, si no te gusta tengo otros que traje de España”. No hubo ninguna duda.

Esos aros eran singulares, inesperados, un poco excéntricos y espectaculares. Creados por y para ella.

Hay algo difícil de explicar en el magnetismo de Lucy. Hablar con ella produce una sensación inmediata de cercanía, como si uno entrara a una casa conocida. No hay distancia ni solemnidad. Tampoco hay interés en aparentar.

Su manera de hablar es espontánea, llena de asociaciones, humor y preguntas. Es una mujer que no parece interesada en tener todas las respuestas. De hecho, su propia imagen lleva una pregunta.

Cuando hablamos acerca de por qué lleva el pelo de esa manera tan peculiar, responde que es un signo de interrogación. “Hasta ahora hay muchísimas cosas que no sé, que me pregunto y que todavía no tengo respuesta. Como, por ejemplo, ¿canta o llora el mosquito al amanecer?”.

También en su estética están los dos puntos que se pinta debajo de los ojos. Una manera de llamar la atención en un mundo donde todos miran sus teléfonos, pero también una idea circular: “salimos de un punto, damos toda la vuelta y volvemos al punto”.

Es una pequeña declaración de principios de alguien que ha pasado la vida mirando. Mirando la naturaleza, los objetos, las formas, todo aquello que otros podrían pasar por alto.

UNA VIDA QUE NUNCA DEJÓ DE TRANSFORMARSE

Lucy nació en Asunción en 1940 y se formó en distintos talleres de arte de Sudamérica, Europa y Estados Unidos. Desde 1982 expone individualmente en Paraguay y en el extranjero. Su trayectoria la llevó a escenarios como el Museo de Arte de São Paulo, el Mino Washi Paper Museum de Japón, distintas exposiciones en Francia y Alemania y la 49.ª Bienal de Venecia, además de numerosas muestras en América Latina, Europa y Estados Unidos.

Pero resumirla como pintora sería insuficiente. Lucy es una artista de múltiples lenguajes. Trabaja con papeles hechos a mano, fibras vegetales, reciclaje de objetos, pintura, instalaciones, performance, literatura, cerámica y orfebrería. En su universo creativo, las fronteras entre disciplinas parecen desaparecer.

Ella misma lo explica con naturalidad: le encanta la cerámica y escribir. Le atrae especialmente el concepto de objeto encontrado: aquello que aparece en la calle y puede transformarse en otra cosa. También cose, borda y trabaja constantemente con las manos.

Su curiosidad parece funcionar de la misma manera que su obra: sin una ruta única. “La naturaleza es muy sabia”, afirma.

Y cuenta que comenzó a pintar para sus hijos, durante una época en la que pasaba mucho tiempo sola en la estancia, sin luz. Pintar fue también una forma de conocerse. “A través de los colores y las formas, uno va sacando lo que está adentro tuyo”.

Esa búsqueda está inevitablemente atravesada por Carlos, su marido, quien falleció y está enterrado en Yataity. Desde allí, cuenta Lucy, se divisa el Ybyturuzú. Es un lugar que ama y donde quisiera dejar una escuelita.

Para Lucy, aquello que muere vuelve a la tierra y se convierte en abono. La muerte no es necesariamente un final, sino otra transformación. Quizás por eso tampoco parece temerle demasiado al tiempo.

Le gusta pintar diosas porque cree que todas las mujeres lo somos. Disfruta de hacer cosas con las manos. Y, sobre todo, le gusta preguntar.

Tal vez ahí se encuentre una de las claves para entender su obra. Lucy no parece crear para demostrar algo hacia afuera. Crea para descubrir algo en su interior.

EL ORIGEN DE ARETÉ

En 1990, cuando fue invitada a exponer en el Museo de Arte de São Paulo, Lucy comenzó a firmar sus obras como Areté. El nombre nació durante un viaje a Brasil, después de un período de ayuno, y quedó asociado desde entonces a su identidad artística.

El término tiene para ella múltiples resonancias. Lo vincula con el guaraní ara, tiempo, y eté, verdadero; también con la idea de una fiesta sagrada.

En el documental sobre su vida, disponible en YouTube, Lucy profundiza todavía más en esa idea. Habla del tiempo verdadero como ese momento en que uno no está haciendo nada. Lo relaciona con el dolce far niente italiano y con el tekorei paraguayo: estar, conversar y tomar tereré tranquila.

Para ella, sin embargo, ese no hacer también es hacer. Jugar con los colores, bordar o crear puede ser una forma de meditación.

Es una idea que parece atravesar toda su vida: no apurarse. Escucharla hablar de esto ayuda a comprender algo esencial de su sensibilidad. Lucy parece pertenecer a un tiempo diferente. Uno donde mirar requiere tiempo, donde las cosas pueden transformarse lentamente y donde la creación no necesariamente tiene que responder a una lógica de productividad.

AREGUÁ, EL CORAZÓN DE ARETÉ

En 1984, Lucy compró una casa en Areguá por cinco mil dólares. Era joven y ya había quedado viuda. Aquel lugar se convirtió en su atelier, en punto de encuentro y en un lugar al que escapaba desde Asunción. “Si esa casa hablara…”, recuerda entre risas.

Hoy la propiedad tiene otro destino. Lucy decidió que se quedaría para el pueblo. Ya está escriturada. Allí funciona Areté Centro Cultural, un espacio dedicado a la creación, experimentación e intercambio cultural, con una sala permanente dedicada a su obra y otra destinada a exposiciones de otros artistas.

La decisión tiene algo profundamente coherente con su manera de entender el arte; aquello que ella construyó a lo largo de una vida no termina en ella.

El centro cultural, inaugurado en julio de 2025, busca fortalecer el sector, fomentar la participación ciudadana y generar un espacio de diálogo entre arte, identidad y comunidad. Desde su apertura, ya se realizaron talleres y muestras en colaboración con Kunumí Areté, la escuela comunitaria y alternativa que funciona en la misma propiedad.

La casa que fue su refugio, atelier y punto de encuentro se transforma así en un lugar para la comunidad.

Cuando le preguntamos qué puede preservar el arte cuando se enfrenta al tiempo, Lucy responde: “Son unas huellas que quedan. El arte queda”. Y si no queda el objeto, queda el recuerdo. “Es lo último que uno olvida”.

UNA MUJER FIEL A SÍ MISMA

A lo largo de la jornada de producción, esa misma mujer que ha expuesto internacionalmente podía bromear con nosotros, recibirnos con un carrulim que había traído del interior y advertirnos: “Tienen que probar, no es como ningún otro que ya han probado”.

Después llegó el riquísimo mbeju casero.

Más tarde nos invitó a conocer su taller, escondido entre su clóset y una habitación repleta de obras y artefactos singulares. Allí, frente a nosotros, pintó su retrato.

Había preparado un haiku: “Solo un rostro de tres líneas y un punto. Es mi retrato”.

El punto, me explicó, es el tercer ojo. Y mientras la observaba pintar, pensé en la cantidad de veces que hemos intentado explicar a los artistas desde afuera. Su trayectoria, sus premios, sus exposiciones, sus obras. Pero en Lucy había algo que trascendía todas esas categorías.

Era más simple. Era ella.

Cuando la contacté para invitarla a ser la tapa de la revista, su respuesta volvió a ser tan auténtica y simpática: “¿Cómo vas a querer la cara de una vieja en tu revista tan linda?”, dijo entre risas.

Hay algo extraordinario en encontrar a una artista con una trayectoria tan extensa y, al mismo tiempo, con tan poco interés en construir una imagen grandiosa de sí misma. Lucy no parece necesitar convencer a nadie de quién es.

VOLVER AL PUNTO

Lucy habla de Paraguay con una mezcla de curiosidad, humor y esperanza. Cree que todavía queda muchísimo por descubrir en el arte paraguayo. “Recién ahora se está empezando a conocer un poco más al artista paraguayo”, expresa.

Y ya piensa en lo que viene: cuenta que el próximo año expondrá en Francia y que ya pintó unas cinco diosas.

También habla de Japón, uno de los lugares que más disfrutó durante sus viajes, y de Hawái, donde vivió durante un tiempo y conoció el yoga y personas que dejaron huella en ella.

No parece mirar hacia atrás con nostalgia. Mira hacia adelante con la misma curiosidad con la que comenzó. Quizás porque nunca dejó de hacerse preguntas para las que no tiene todas las respuestas. Y probablemente ahí esté una de las razones por las que sigue creando.

Al final de nuestra conversación le pregunté cómo le gustaría ser recordada.

“Como un aroma que esparce su perfume”.

Lucy quiere permanecer como una sensación; un recuerdo. Como una imagen que aparece años después y todavía conserva algo de su alma.

Al terminar la jornada, pensé que había tenido el privilegio de conocer mucho más que a una artista. Había conocido a una mujer de alma noble, llena de sabiduría, sin ningún interés en encajar o aparentar. Pura, transparente, divertida. Una mujer que convirtió su casa en un espacio para crear, su curiosidad en lenguaje y su vida en materia artística.

Hay personas que, después de conocerlas, nos hacen mirar el mundo de una manera un poco distinta. Lucy es una de ellas.

Quizás ahí esté su verdadera singularidad: en seguir despertando curiosidad, haciendo preguntas y encontrando belleza donde otros simplemente pasan de largo.

Qué suerte la nuestra poder celebrarla hoy, y hacerlo desde la portada de esta edición.

Air Europa suma Düsseldorf a su red y conectará la ciudad alemana con Madrid

Air Europa suma Düsseldorf a su red y conectará la ciudad alemana con Madrid

La nueva ruta comenzará a operar el 30 de noviembre con dos vuelos diarios por sentido, ampliando las opciones de conexión entre España y Alemania.

Air Europa continúa expandiendo su red europea y sumará Düsseldorf como nuevo destino desde Madrid a partir del 30 de noviembre. La ruta contará con dos vuelos diarios en cada dirección y permitirá conectar la ciudad alemana con el hub de la aerolínea en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

Los vuelos desde Madrid partirán diariamente a las 07:05 y 15:10, mientras que desde Düsseldorf los horarios previstos serán 10:45 y 18:50.

Con esta incorporación, Air Europa amplía su presencia en Alemania, donde actualmente opera conexiones con Múnich y Frankfurt. La nueva ruta se suma a otras incorporaciones recientes de la compañía dentro de Europa y a las próximas aperturas hacia destinos de América Latina.

Los pasajeros viajarán en aeronaves Boeing 737, parte de la flota de la compañía, y tendrán además la posibilidad de conectar desde Madrid con otros destinos internacionales de Air Europa.

Entre las novedades de la experiencia a bordo se encuentra la propuesta gastronómica de Mario Sandoval, chef encargado de diseñar los menús de la clase Business para los vuelos de medio radio.

Con Düsseldorf, la aerolínea busca seguir fortaleciendo la conectividad entre Europa y ampliar las alternativas para quienes viajan por negocios, turismo o para realizar conexiones internacionales desde Madrid.

El año de Enrique Collar: Entre la memoria y el horizonte

El año de Enrique Collar: Entre la memoria y el horizonte

Hay artistas cuya obra puede leerse como una sucesión de etapas y otros cuya trayectoria se revela como un único relato en permanente transformación. En el caso de Enrique Collar, más de cuatro décadas de producción han construido un universo donde la memoria, el paisaje, la identidad y la tecnología dialogan sin contradicciones.

Radicado en Rotterdam desde hace más de veinte años, el pintor ha consolidado una voz singular dentro del realismo contemporáneo, sin perder el vínculo con sus raíces paraguayas.

La exposición retrospectiva Todo el tiempo del mundo, organizada a partir de la Colección PoPa; la celebración de los treinta años del grupo El Mito Real en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson de San Juan; su participación en ArteCo junto a BGN / Arte; y la reciente recepción de la Orden Nacional al Mérito Comuneros marcaron un año especialmente significativo en su trayectoria. En esta entrevista, reflexiona sobre la memoria, la identidad y aquello que permanece inalterable en su búsqueda artística.

Vivís y trabajás en Holanda desde hace más de dos décadas. ¿Cómo dialogan hoy esa distancia geográfica y tu conexión con el paisaje, la memoria y la identidad paraguaya?

En 2020 decidí volver a pintar el Paraguay. Hacía ya 17 años que no lo hacía. Hubo muchas razones para ello, conscientes e inconscientes, como suele ocurrir. Entonces descubrí que la distancia no existía. Lo que sí había cambiado era la mirada, la experiencia y mi manera de entender la pintura.

Se activó la memoria. Volví a mis dibujos y a mi archivo de negativos analógicos de 35 mm. Al comenzar a escanearlos, me vino un entusiasmo enorme, como despertar de una larga siesta. Comprendí que mi obra paraguaya no estaba concluida; que todavía tenía mucho por decir.

La exposición Todo el tiempo del mundo, presentada con obras de la Colección PoPa, propone una mirada retrospectiva sobre más de cuarenta años de producción. ¿Qué sentiste al reencontrarte con trabajos de distintas épocas y verlos dialogar entre sí?

Fue una experiencia extraordinaria y muy movilizante. Se dieron todas las condiciones necesarias para concretar una muestra de esta naturaleza. Había un factor fundamental: no fue necesario localizar obras dispersas ni solicitar préstamos a coleccionistas o instituciones. Todo el conjunto pertenecía a una sola colección, construida pacientemente por Cintya Poletti.

Picasso decía que en arte no se puede hablar de evolución, sino de cambios de pensamiento. Y eso fue lo que experimenté al recorrer la exposición. Reencontrarme con la manera en que pensaba la pintura hace más de tres décadas fue una experiencia intensa. Volver a ver reunido ese largo recorrido fue un regalo de la vida.

¿Qué aspectos de aquel joven pintor de tus inicios siguen presentes en tu trabajo actual y cuáles han cambiado radicalmente?

Mi compromiso con el arte, la pasión por la historia del arte y la búsqueda permanente de conocimiento siguen intactos. También la necesidad de calidad y diversidad en mi trabajo, junto con un aspecto que late en toda mi obra: partir de la realidad.

Necesito de elementos de esta realidad tridimensional para manifestarme en el plano. Ese punto de partida permanece inalterable. Lo que sí ha cambiado son ciertos procesos de construcción.

De joven trabajaba de lo general a lo particular. Hoy hago exactamente lo contrario: comienzo por un detalle y desde allí voy expandiendo la imagen hasta alcanzar la totalidad de la obra.

También cambiaron las herramientas. Mis primeros bocetos eran completamente analógicos; hoy conviven con la fotografía digital, los montajes en computadora y aplicaciones inmersivas de 360 grados. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma: cómo transformar una experiencia de la realidad en una imagen capaz de conmover, sugerir o generar nuevas lecturas.

Recientemente fuiste incluido en una importante exposición en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson de San Juan. ¿Qué significó llevar tu obra nuevamente a Argentina?

Recibir la invitación en representación del grupo El Mito Real —que conformamos junto a Víctor Quiroga y Carlos Gómez Centurión— fue algo profundamente emotivo. La misma implicaba una legitimación importante. Además, como Víctor ya no estaba físicamente con nosotros, su ausencia se hizo muy presente durante todo el proceso.

Sentí que cerraba un círculo, que concretaba algo que habitaba aquellos primeros sueños de juventud cuando comenzaba a imaginarme artista en Buenos Aires.

La exposición, curada por Roberto Amigo, fue extraordinaria. La respuesta del público también. Estudiantes, artistas y visitantes conectaron profundamente con la propuesta de tres pintores que, desde distintos territorios, abordamos nuestras regiones, mitos, memorias y realidades.

Al recibir la Orden Nacional al Mérito Comuneros, mencionaste que la distinción pertenecía también a Itauguá y a todos los paraguayos que llevaron su memoria más allá de las fronteras. ¿Cómo dialoga esa identidad migrante con este reconocimiento otorgado por el Paraguay?

Leí un texto que escribí donde resumí mi vida. A la mitad dije: “Todo esto para decir gracias, Argentina”.

Fui parte de ese millón de paraguayos que viven en Buenos Aires, o que van y vienen, habitando ese territorio flotante. Gran parte de la cultura paraguaya se gestó allí: desde Carlos Federico Abente y Asunción Flores hasta Roa Bastos y Elvio Romero, entre tantos músicos, poetas y laburantes que forjaron nuestra historia y lucharon contra la última dictadura.

Si pudieras elegir una obra de toda tu trayectoria que sintetice quién es hoy Enrique Collar como artista, ¿cuál sería y por qué?

Hoy tengo claro que elijo Casa Abandonada, hace poco terminada. Es una síntesis de tiempo, memoria y desplazamiento cultural. Nace de una experiencia paraguaya, pero también de más de veinte años de convivencia con la tradición pictórica europea. La obra utiliza el lenguaje del realismo contemporáneo para hablar desde una identidad latinoamericana. No busca imitar Europa, sino incorporar sus herramientas para reinterpretar el propio origen.

La exuberancia de la naturaleza, la arquitectura y los personajes remiten a una memoria local profundamente arraigada. Al mismo tiempo, incorpora procesos derivados de la imagen digital y las nuevas tecnologías visuales.

Se sitúa en el cruce entre tradición y contemporaneidad, entre materia y píxel, y reflexiona sobre la migración, la pertenencia y la construcción de una mirada propia.

Más que una casa abandonada, la pintura muestra un territorio habitado por la memoria, la pintura y el tiempo vivido. No niega la tecnología; la atraviesa. No renuncia a la tradición; la transforma. No abandona su origen; lo reinterpreta.