En cinematografía, el vestuario trasciende la dimensión visual. Lo que cada personaje lleva puesto es un reflejo de su identidad y una herramienta clave para construir relatos memorables. Cada estilismo ubica al espectador en el tiempo, revela información sobre los protagonistas, aporta simbolismo y completa la atmósfera de las diferentes escenas.
POR GINA GAONA
En este entramado, la labor de los diseñadores de vestuario es esencial. A lo largo del tiempo, nombres clave han dejado un sello indeleble con creaciones audaces e icónicas que trascendieron la pantalla, marcando tendencias, permeando en la cultura y consolidándose en la memoria colectiva. En esta nota, recorremos la trayectoria de algunas de las diseñadoras más influyentes del séptimo arte.
Galardonada con ocho premios de la Academia, Edith Head fue la mente detrás de la estética sofisticada de la época de oro de Hollywood. Fue la primera mujer en liderar un departamento de vestuario en la industria.
Construyó una carrera de más de cinco décadas en Paramount Pictures y Universal Pictures. Colaboró en numerosas ocasiones con Alfred Hitchcock, y vistió a íconos como Audrey Hepburn, Grace Kelly y Elizabeth Taylor.
Su influencia sigue presente en la cultura pop: sus emblemáticos lentes redondos inspiraron el look de Edna Moda de Los Increíbles.
Edith Head fue la mente detrás de la estética sofisticada de la época de oro de Hollywood, siendo la primera mujer en liderar un departamento de vestuario en la industria.
Colleen Atwood: Imaginación sin límites
Una de las profesionales más reconocidas del Hollywood contemporáneo, su trabajo es esencial en los fantásticos universos de muchas de las cintas de Tim Burton.
Con una estética marcada por la fantasía, la oscuridad y la precisión artesanal, ha contribuido en obras icónicas como El joven manos de tijera, Memorias de una geisha, El silencio de los inocentes, Chicago, Sweeney Todd y Alicia en el país de las maravillas.
Sandy Powell: Maestra camaleónica
Se destaca por su versatilidad y capacidad de construir múltiples universos estéticos que se ajustan a la perfección a cada historia y a cada personaje con intención de identidad.
Ganadora de tres premios Oscar y cercana colaboradora de Martin Scorsese, ha participado en más de siete películas del director. El irlandés, La favorita, El lobo de Wall Street, La Reina Victoria, El aviador, Los infiltrados, Las hermanas Bolena, La isla siniestra, Pandillas de Nueva York, Shakespeare apasionado, entre muchísimas otras.
Jacqueline Durran: Un sello romántico
Algunas de las cintas que evidencian su talento son Orgullo y prejuicio, Anna Karenina, Expiación, deseo y pecado y Mujercitas.
Una de sus mayores virtudes es su habilidad de equilibrar rigor histórico con precisión de personaje, logrando mantener una coherencia entre escena y escena. También se caracteriza por la emocionalidad que es capaz de transmitir a los espectadores.
El estilo romántico es una constante en sus creaciones, ideal para películas relacionadas con la literatura de época.
Aggie Guerard Rodgers: Excentricidad memorable
Es la creadora de nada más y nada menos del exagerado e inolvidable Beetlejuice. Una de sus grandes hazañas es la estética inconfundible que supo imprimir en este personaje, y que se volvió parte esencial de su personalidad.
Con créditos en más de 60 películas, también diseñó piezas para la épica ópera espacial Star Wars: el retorno del Jedi, y de la comedia oscura Las brujas de Eastwick, entre otras más, consolidando una trayectoria que se mueve entre lo fantástico, lo oscuro y lo atemporal.
Milena Canonero: Creatividad y detalle
Ha construido una carrera excepcional trabajando con grandes directores como Stanley Kubrick, con quien comenzó su carrera, Francis Ford Coppola y Wes Anderson, obteniendo cuatro premios Oscar y nueve nominaciones.
Su obra combina una gran imaginación y una meticulosa atención al detalle. Ideó vestuarios inolvidables como el de los inquietantes droogs de La naranja mecánica, los atletas británicos de los años veinte en Carrozas de fuego, el universo barroco y pop de María Antonieta y los uniformes perfectamente coreografiados de El gran hotel Budapest.
Sus creaciones se han instalado en el imaginario colectivo, logrando lo que ella define como la “memoria visual” de una película.
Existen diseñadores de vestuario con un sello indeleble. Sus creaciones audaces e icónicas trascendieron la pantalla y se consolidaron en la memoria colectiva.
Hace tres décadas, cuando el turismo no era tan accesible ni dinámico como hoy, Alejandra Burró decidió apostar por algo que iba mucho más allá de vender pasajes: crear experiencias, acompañar sueños y construir vínculos eternos. Conversamos con ella sobre los inicios de Boarding Pass, una agencia que se consolidó como referente en asesoramiento integral y viajes de alto nivel.
POR NORA VEGA FOTOS ALEJANDRA LATERRA
Desde el comienzo, en esta agencia entendieron que no hay dos viajeros iguales. Detrás de cada destino, conviven expectativas, tiempos, intereses y emociones distintas. Por eso, su propuesta nunca giró en torno a paquetes estandarizados, sino en diseñar itinerarios a medida, donde cada detalle responde a una necesidad real.
Los primeros pasos estuvieron marcados por la incertidumbre, el aprendizaje constante y una gran dosis de intuición. Pero hubo algo que nunca faltó: una energía insuperable movida por la pasión que sigue siendo el motor de la empresa. “Siempre trabajé con el corazón”, resume Alejandra.
Con el tiempo, se consolidó como una firma sólida y en constante evolución, convirtiéndose en una gran agencia multi-target, multi-segmentos y multi-plataforma, sin perder su esencia. Para Alejandra, esa transformación siempre estuvo guiada por una misma idea: “Nosotros no vendemos viajes; acompañamos momentos importantes de la vida”.
UNA HISTORIA QUE TAMBIÉN ES FAMILIA
Con los años, las hijas de Alejandra se sumaron al proyecto, aportando una mirada renovada y continuidad a una base ya consolidada. “Es un orgullo enorme trabajar con ellas. Verlas crecer dentro de este camino desde tan chicas es algo invaluable”, cuenta.
También guarda una imagen muy presente: ellas jugando a su alrededor en la oficina mientras seguía con su trabajo. “Siempre estuvieron ahí, acompañándome. Lograr estar presente como mamá y, al mismo tiempo, sostener lo profesional es un desafío, pero no es imposible”, reflexiona.
En Boarding Pass, los valores se transmiten, se viven y se reflejan en cada decisión. Ese espíritu se extiende a todo el equipo que, a lo largo del tiempo, se consolidó como un grupo humano cercano, profesional y comprometido, con una premisa clara: detrás de cada viaje, hay una historia personal. De cuatro personas en sus inicios, hoy suman 130 colaboradores.
Actualmente, cuenta con alianzas estratégicas que incluyen importantes líneas de cruceros, lo que le permite ofrecer experiencias de primer nivel en destinos de todo el mundo. Estos acuerdos representan no solo una ventaja competitiva, sino también una garantía de calidad.
Además, forma parte de Virtuoso, una red internacional de agencias especializadas en viajes de lujo. Este reconocimiento implica cumplir con altos estándares de servicio, atención y excelencia. “Ser parte de esta red nos abre puertas, pero sobre todo nos desafía a estar siempre un paso más adelante”, explica Alejandra. Esto se traduce en beneficios concretos: acceso a experiencias exclusivas, upgrades y una atención única.
VIAJAR, PERO A MEDIDA
En un contexto donde viajar es cada vez más accesible, pero también más uniforme, el objetivo siempre fue claro: hacer de cada experiencia algo único. “Cada cliente es distinto, y cada viaje también debería serlo”, sostiene.
La personalización no es un agregado, sino el corazón del modelo. Todo comienza mucho antes de elegir el destino: empieza con escuchar. Entender quién es el cliente, cómo viaja, qué busca y qué valora. A partir de ahí, se construye una propuesta completamente adaptada, donde cada elemento —desde los vuelos hasta las actividades— tiene un sentido. No se trata sólo de organizar, sino de acompañar, anticipar y resolver.
UN LEGADO QUE SIGUE EN MOVIMIENTO
Este aniversario tiene un significado profundamente emocional. “Son años de trabajo, desafíos y aprendizajes, pero sobre todo de gratitud”, expresa Alejandra. Gratitud hacia quienes confiaron una y otra vez, hacia el equipo que sostuvo el crecimiento y hacia su familia, que fue parte fundamental en cada etapa.
El festejo está a la altura de la historia: con tres sorteos importantes con experiencias pensadas para quienes forman parte de este recorrido. No como una acción puntual, sino como una forma de devolver el cariño recibido durante tres décadas. “Queríamos celebrar haciendo lo que mejor sabemos hacer: regalar experiencias”, explica.
Lejos de detenerse, este aniversario también es un nuevo comienzo. Con proyectos, ideas y desafíos por delante, la mirada sigue puesta en el futuro. “Siempre hay que seguir evolucionando”, asegura la fundadora de esta agencia.
La esencia permanece intacta: acompañar a las personas en sus viajes, en sus sueños y en esos momentos que realmente importan. Porque después de 30 años, hay algo que no cambió: la pasión por hacer que cada experiencia sea inolvidable.
Boarding Group está conformado por varias unidades especializadas: la agencia de viajes y turismo Boarding Pass, la operadora mayorista Bespoke, y Boarding Representaciones, encargada de gestionar las alianzas comerciales y representaciones internacionales del grupo, entre las que se destacan Royal Caribbean International, Virtuoso, Celebrity Cruises, entre otras. Dentro de Boarding Pass, se desarrolla Boarding Magna, una plataforma exclusiva que agrupa a sus Magna Travel Specialists, expertos en diseñar experiencias de viaje personalizadas.
La escena gastronómica local atraviesa un momento silencioso pero potente. Con la apertura de la séptima edición del S.Pellegrino Young Chef AcademyCompetition, el talento joven de Paraguay tiene una nueva oportunidad para demostrar que la cocina guaraní no solo tiene sabor, sino un mensaje capaz de resonar en el mundo.
En las cocinas de Asunción y del interior, algo se está cocinando a fuego lento. No es solo el hervor de un caldo; es el despertar de una generación que ha dejado de mirar únicamente hacia afuera para empezar a entender el valor de lo propio. En ese contexto, desembarca una vez más en el país la S.Pellegrino Young Chef AcademyCompetition, una de las plataformas globales más prestigiosas para la gastronomía emergente, que busca identificar a los cocineros que definirán el futuro de la industria.
Lejos de ser un simple certamen bajo presión, este proyecto funciona como un trampolín estratégico. Está diseñado para chefs menores de 30 años que entiendan que hoy la técnica es el piso, no el techo. El objetivo es encontrar a quienes puedan contar una historia a través de un plato insignia. Porque, como se destacó en la reciente conferencia de prensa en Asunción, en la alta cocina contemporánea ya no alcanza con cocinar bien: hay que tener una postura ante el mundo y una identidad irrenunciable.
La experiencia de Paulina Guillén
Para entender el impacto real de esta competencia, hay que mirar el camino de Paulina Guillén. Ella portó la bandera paraguaya en la edición anterior en Perú, y su testimonio es la antítesis del discurso corporativo. “Para mí, lo más importante es la identidad y las ganas de superarte”, resume.
Para Paulina, el proceso no fue una carrera de velocidad, sino una transformación profunda de introspección y aprendizaje. Fue el momento en que entendió que su voz tenía peso internacional. A su lado, como mentor, estuvo el chef Julián Endara. Juntos abordaron el desafío no como una receta, sino como un proyecto integral. “No se trata solo de cocinar, sino de construir un contexto completo”, explica Julián. Esta visión es la que separa a un cocinero de un autor: entender que el plato empieza en el productor y termina en la emoción del comensal.
Identidad en el plato con el pirá caldo tatá
Esa filosofía se materializó en la propuesta que Paulina llevó al jurado: una reinterpretación del pirá caldo tatá. Utilizó elementos profundamente ligados a la cultura local, elevando así lo cotidiano.
Desde la sopa paraguaya —presentada con orgullo como la única sopa sólida del mundo— hasta el uso de las brasas, el kambuchi y las técnicas ancestrales, cada detalle transmitía un origen claro. Incluso la vajilla, desarrollada exclusivamente por alfareras de Itá, logró una sinergia perfecta entre oficio, territorio y alta cocina. Fue la demostración de que Paraguay tiene una narrativa visual y táctil tan rica como su paladar.
Más que un trofeo, una transformación
Más allá de los puntos, ambos coinciden en que lo más valioso fue el proceso interno. “La competencia me ayudó a romper muchos miedos”, confiesa Pauli. La convocatoria es una invitación a la audacia, y Julián lo dice sin filtros: “El que no arriesga, no gana. ¿Qué puede pasar? Que te digan que no. Pero esa es la única manera de crecer”.
Desde la organización refuerzan esta idea de resiliencia: no hay límite de intentos. Hay historias de chefs que regresaron años después, con una idea más madura, para alzarse con el triunfo global.
El proceso de selección se basa en tres pilares evaluados por el centro ALMA:
– Habilidad técnica: maestría en el producto. – Creatividad: perspectiva original. – Creencia personal: la visión del mundo del chef.
Una ventana al mundo
Para Paraguay, esta oportunidad permite posicionar nuestra gastronomía en una conversación global donde el país todavía tiene un campo por explotar. “Paraguay tiene una identidad increíble, pero todavía no llegó al mundo con toda su fuerza”, reflexiona Julian. El problema no es la falta de contenido, sino de exposición.
El recorrido para los seleccionados este año incluye finales regionales en Panamá antes de la gran final en Milán. Sin embargo, Paulina es prueba de que no hace falta llegar a Italia para ganar: su participación le abrió puertas de networking y conexiones internacionales que siguen activas hasta hoy.
La gastronomía es una cadena que involucra productores, artesanos e historia. “El trabajo es de todos”, insiste Julián. Con una generación joven y curiosa, el desafío es dar el paso al frente.
Las postulaciones cierran el 9 de junio. La invitación está sobre la mesa y el verdadero premio es la decisión de haberlo intentado.
Sin avisar y como cualquier cliente, los jurados de 50 Top Pizza evaluaron Grosso Cocina Italiana. El resultado: la pizzería paraguaya repite presencia en el ranking latinoamericano y se consolida entre las mejores de la región.
La lista 2026 se presentó en Río de Janeiro, donde Grosso recibió nuevamente el reconocimiento. Un logro que no solo habla del restaurante, sino también del momento que vive la gastronomía paraguaya.
Parte de la clave está en una propuesta clara: respetar la tradición italiana, cuidar los procesos y, al mismo tiempo, construir una identidad propia. A eso se suma algo igual de importante: la consistencia en cada servicio, desde la cocina hasta la atención.
Detrás de este resultado hay un equipo de más de 60 personas que sostienen el día a día. Porque más allá del ranking, el reconocimiento termina siendo eso: el reflejo de un trabajo constante que hoy vuelve a poner a Paraguay en el radar gastronómico.
Hay artistas que trabajan con materiales; otros, con ideas. Andrés Paredes hace algo más complejo: trabaja con la memoria de la materia, con la vibración de lo vivo y con una naturaleza que no es paisaje, sino experiencia. Su obra no se mira, sino que se recorre, se escucha, se huele y se intuye.
Nacido en Misiones, criado entre selva, ríos y silencios de siesta, su universo creativo se nutre de una relación íntima con los ciclos naturales, con una curiosidad que nunca se apagó.
Desde instalaciones monumentales en espacios patrimoniales de Europa, hasta muestras que dialogan con saberes guaraníes, ciencia, botánica y ritual, Paredes construye un lenguaje propio donde lo contemporáneo no rompe con lo ancestral, sino que lo reactiva.
Sus obras —hechas de papel calado, cerámica, cristal, pigmentos y materia viva— proponen una ecología sensible; una forma de pensar el arte como un organismo en constante transformación.
En esta entrevista, Andrés Paredes habla de infancia, riesgo, proceso creativo y metamorfosis, en el marco de su próxima muestra en Paraguay en la galería BGN Arte.
Reflexiona sobre el rol del espectador, la belleza como promesa, el arte como forma de vida y la necesidad de mutar una y otra vez. Una conversación que revela no solo al artista, sino también al explorador que sigue mirando el mundo como si fuera la primera vez.
¿Qué parte de tu historia personal sentís que inevitablemente se filtra en tu obra, aunque no quieras?
Siempre se filtra mi vínculo cotidiano con la naturaleza y la infancia en Misiones. La siesta, el monte, los arroyos, los sonidos y olores de ese mundo aparecen inevitablemente en mi obra.
¿Qué te acercó al arte y cuándo supiste que era tu camino?
Desde chico estudié piano. Cuando entendí que podía trasladar belleza, ritmo y armonía al plano visual, supe que ese desafío era mi camino.
Si tu arte fuese una emoción, ¿cuál sería?
La curiosidad. Desde niño, al explorar el mundo con un microscopio, entendí que la naturaleza guarda universos infinitos.
¿Qué te obsesiona últimamente?
La materia como entidad viva. Investigué la idea de la materia vibrante y cultivé mis propios cristales para una muestra que recorrió museos nacionales.
¿Cuál fue tu mayor riesgo artístico?
Intervenir la fachada del Palacio de Linares en Madrid con una mariposa de 10 metros que hablaba de migraciones latinoamericanas.
¿Cómo es tu proceso creativo?
Es investigación, diálogo interdisciplinario y experimentación material. Todo se une en una narrativa sensorial.
¿Reinterpretás obras pasadas?
Sí. Como una melodía tocada con otra orquesta. Algunas obras evolucionan; otras son irrepetibles.
¿Qué te inspira de la naturaleza?
La transformación. La metamorfosis como metáfora de la vida y del arte.
¿Qué abordás en tu muestra en Paraguay?
El cruce entre cultura argentina y paraguaya, la visión guaraní, el barroco jesuítico y mis propias raíces.
¿Qué rol tiene el espectador?
La obra se completa en su mirada. El arte vive en ese espacio intermedio.
¿Qué es el arte para vos?
Una forma de vivir, de transitar el mundo como un río, percibiendo cada detalle del viaje.